INVITADO

Exportamos lo que importamos


Mouris Salloum George

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EL SECTOR GENERA IMPACTO EN 157 ACTIVIDADES ECONÓMICAS
 
Indicador clásico de una economía próspera -incluso relativamente distributiva- hasta antes de la globalización, fue el auge en las industrias de la construcción y automotriz.
 
Poseer una residencia y un Cadillac propios era en los Estados Unidos oferta de campaña presidencial y logro tangible de la familia de clase media norteamericana. El zafio Vicente Fox, aunque el vehículo fuera un boshito, creyó posible democratizar de esa manera los rendimientos de la economía mexicana. En fabricación, México, que es mayoritariamente armador, está por debajo de Corea del Sur, reciente competidor que tiene ya industria automotriz propia. 
 
El citado Fox incidió en la desnaturalización del mercado. Ya para 2006 permitió el ingreso legal desde los Estados Unidos de un millón 575 mil unidades usadas, 38 por ciento más de vehículos nuevos armados en México.
 
Casualmente, el PAN denunciaba esa liberalidad como una maniobra de clientelismo electoral del PRI a cargo de la Confederación Nacional Campesina. Al cierre de 2018, la importación de chatarra fue de 140 mil unidades; 10 por ciento más que los nuevos producidos y vendidos en el país.
 
En 2006 y 2018 estamos hablando de importación legal. Difícil de cuantificar ha resultado la importación ilegal. Ese negocio produce una doble distorsión en el Producto Interno Bruto: Se incluye en el balance de la producción nacional el alto porcentaje de los componentes ingresados a México para el armado y, obviamente, el costo de los carros chocolates importados legal o ilegalmente al país.
 
Democratizar la “prosperidad” 
 
El viejo decreto que autorizó la importación de automóviles usados caducó el pasado 31 de marzo. La Asociación Mexicana de Distribuidores reclama que ese vencimiento se haga valer de inmediato.
 
No estamos hablando de economía informa l: El sector en su conjunto genera impacto en 157 actividades económicas (84 de manufactura y 73 en comercio y servicios) y da empleo a un millón 904 mil jefes de familia. Si de prosperidad fuera el signo, ¿cómo democratizarla? Esta es la gran cuestión.
 


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