CASCARA AMARGA

¿Quién ha creído?


Laureano Naranjo Cobian

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El Papa Francisco, máximo pastor de la Iglesia Católica, vino a México en febrero 13 de 2016, y pronunció discurso frente a los Obispos de México en la catedral de San Hipólito.

El Sacerdote, dijo: "reclínense pues, con delicadeza y respeto, sobre el alma profunda de su gente, desciendan con atención y descifren su misterioso rostro. (…) naturalmente, por todo esto se necesita una mirada capaz de reflejar la ternura de Dios.

Sean Obispos de mirada limpia, de alma transparente, de rostro luminoso. No tengan miedo a la transparencia. Vigilen para que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanalidad, no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confanza en los 'carros y caballos' de los faraones actuales, porque nuestra fuerza es la 'columna de fuego' que rompen dividendo en dos las marejadas del mar, sin hacer humor".

Este ha sido uno de los grandes profetas latinoamericanos del cual podemos sentirnos, aún los que no profesamos en ninguna confesión religiosa, legítimamente orgullosos. Y todavía vamos a ver cambios profundos en la milenaria institución que él preside. Más adelante, continuó: "Si nuestra mirada no testimonia haber visto a Jesús, entonces las palabras que recordamos de Él resultan solamente fguras retóricas vacías (…) no se necesitan 'Príncipes', sino una comunidad de testigos del Señor.

Cristo es la única luz; es el manantial de agua viva; de su respiro sale el Espíritu, que despliega las velas de la barca eclesial el Cristo glorifcado, que la gente de este pueblo ama honrar como Rey. Enciendan juntos la luz, cólmense de su presencia que no se extingue (…) queridos hermanos, el Papa está seguro de que México y su iglesia llegarán a tiempo a la cita consigo mismos, con la historia, con Dios. Tal vez alguna piedra en el camino retrasa la marcha, y la fatiga del trayecto exigirá alguna parada, pero no será jamás bastante para hacer perder la meta."

Los que somos partidarios de la verdad y la justicia creemos en sus palabras y estamos seguros que se avecinan cambios que sacudirán los cimientos para alcanzar una plena renovación que garanticen la continuidad en el verdadero camino de Jesucristo, porque Él es con plena seguridad el camino, la verdad y la vida.



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