TELÉFONO ROJO

Orden de no ceder y a Morena no negociar


José Ureña

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La instrucción, dicen los suyos, es por convicción:

-Nada de negociar.

Y es terminante. Se puede aplicar lo mismo en procesos electorales, donde destacan el extraordinario de Puebla y el ordinario de Baja California, donde Morena no dará tregua.

O en proyectos de gobierno.

En el primer caso, la orden es para dirigentes y candidatos de todas las posiciones: gobernadores, diputados locales, alcaldes, regidurías y otras posiciones administrativas como delegados municipales.

Lo saben todos los dirigentes y candidatos.

Tal vez por eso Miguel Barbosa exigió y logró su segunda postulación, sabedor del respaldo entregado sin reservas por Andrés Manuel López Obrador desde la candidatura de julio pasado.

El escogido es él y Yeidckol Polevnsnky simplemente ejecutó el mandato superior.

No hay concesiones de ningún tipo.

No la hubo, por ejemplo, para el interinato tras la muerte de la gobernadora constitucional Martha Erika Alonso y esto augura una pelea por el voto para entronizar a Morena y su abanderado.

Un estado más para una corona de estrellas a la cual se le sumarán muchas más -hoy serían las 32- en sucesivos comicios a lo largo del sexenio.

LA MAYORÍA ES PARA USARSE

-Así es la política

-dicen los suyos.

En toda contienda, en todo proyecto, se gana o se pierde y hoy Andrés Manuel López Obrador y su partido traen los ases y el comodín del voto con un mandato claro:

-La mayoría es para usarse.

Lo extraño es cómo han salido algunos asuntos.

Acaso la tarea más difícil la tengan Ricardo Monreal y Mario Delgado para alcanzar acuerdos con la oposición, respectivamente, en el Senado o en la Cámara.

El segundo no ha podido conciliar en San Lázaro el nuevo proyecto de reforma educativa -"ya chupó faros", parece haberse resignado el tabasqueño- y ante la falta de acuerdos ha decidido sobreponer oficios presidenciales a decisiones constitucionales.

Pero Monreal sí negoció algunas cesiones cuando parecía imposible dar vida a la Guardia Nacional, un proyecto caro a López Obrador.

Al final no se respetó el mando civil, pero ya no estaba en su espacio senatorial.



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