CASCARA AMARGA

Jesucristo presente


Laureano Naranjo Cobian

Lecturas: 709

En vísperas de lo que la tradición (la traditio) ha llamado la “Semana Santa”, hoy recordaremos a un personaje histórico que ha permanecido vigente durante veinte siglos.
 
Es el glorioso y bienaventurado Jesucristo. Unigénito hijo de Dios y en el cual habita toda la plenitud de la Deidad.
 
Independientemente de profesar alguna confesión religiosa, la fe de los hombres se mantiene a través del tiempo. Recordando que conforme a la Sagrada Escritura, la fe “es la certeza de lo que se espera. La convicción de lo no se ve”.
 
Para casi todos, Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. El que nos muestra el camino. El que nos enseña a vivir dentro de la justicia. Y ante el cual tarde o temprano compareceremos. “Todos compareceremos ante el tribunal de Cristo”. Y más nos vale estar atentos porque nadie sabe cuándo llegara el fin.
 
Él en su infinita sabiduría nos enseña con seguridad que vendrán tiempos peligrosos, y que habrá hombres amadores de sí mismos, “avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negaran la eficacia de ella; a estos evita”.
 
Pero no hay que flaquear ni dar marcha atrás. Vamos al conocimiento supremo del que vive por los siglos de los siglos, del que es temible en la asamblea de los Dioses, del que ama la justica, la verdad y la paz. Es nuestro Señor Jesucristo, que vino al mundo mediante agua y sangre y no mediante agua solamente.
 
Aquel que se dio por nosotros para que volvamos a participar de su naturaleza divina, después de la caída, de la desobediencia, que nos hizo débiles y mortales.
 
Él es nuestra fe, nuestra confianza, nuestra alegría, nuestra fortaleza. Uno entre mil y siete entre millones, comprenderán la gloria, el gran misterio, la verdad pura, simple, sin razones, al Cristo puro y santo del salterio.


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