LOS DARDOS DE BRACHO

¿Usted, qué opina?


Carlos Bracho

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Iré directo al grano. Sí, al pan, pan y al vino, vino. En mi pueblo dirían mis amigos rancheros: "A lo que te truje, Chencha". He visto cómo han corrido los días, y en mis viajes a lo largo y ancho de la república, saltan los asuntos políticos. Y mejor que eso, veo cómo es el estado que guarda hoy el país, y hablando en plata, no es mejor que hace algunas decenas de años atrás. Y miren ustedes, lectoras pluscuamperfectas, lo que dice Alfonso Toro, historiador al que recurrimos en nuestros años de estudiantes. En su Historia de México, don Alfonso señalaba lo siguiente: "Estado del país a fines de 1840. No podía ser más lamentable el estado que guarda la república… Así el presidente de la Cámara de diputados había dicho algunos meses antes: "Son tan notorios cuanto graves los males que afligen a la nación: un erario empobrecido, costumbres cada día más depravadas, inseguridad de bienes y de la vida en un país infestado de bandidos, y al lado de esta calamidad, una general miseria. El desarreglo, la disonancia en todo y un espíritu siempre creciente de desunión y de discordia, son los caracteres casi distintivos de la desagradable sociedad en que vivimos al presente. A todo ello se agregaban, según el presidente de la república, la inmoralidad de los empleados; la codicia de los que hacían fortuna con las necesidades de la patria; la corrupción de los jueces prevaridadores que protegían a los infractores de la ley; la ocupación de Texas y el peligro de que los departamentos limítrofes siguieran la misma suerte."

Este breve pasaje de Alfonso Toro, comparando con el hoy, nos hace ver que algo no está funcionando, pues muchos de esos males están presentes. Y en los discursos, los gobernantes están bien, pero no hay una aplicación real a lo dicho. O sea que gobiernan –como lo hacían antes los políticosechando al aire las palabras, pero en los hechos haciendo todo lo contrario; parece, por lo que hemos visto, que es la tónica nefasta la que va a prevalecer en los días que corren: el dicurso doble.

Vale.



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