INVITADO

Equilibrio catastrófico


Mouris Salloum George

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Con un Presidente chimoltrufio no hay hora segura.

El inquilino de la Casa Blanca, así como dice una cosa, dice otra.

Ese es el santo y seña desde que, en 2017, el magnate entró al Salón Oval: Su estilo personal de gobernar es voluble. En grado extremo, el de un ruin provocador.

Si Trump ha tenido en tensión a las potencias dominantes, con México ha sido particularmente descarado y hostil.

A la luz de los hechos, el republicano no necesita un consejero, requiere de un domador.

En escala, México es regresado a los momentos críticos de la Guerra Fría: Es obligado a buscar un equilibrio catastrófico sobre el filo de la navaja.

Hay verbos que con Trump no se pueden conjugar ni con la mejor voluntad diplomática: Conceder, conciliar, contemporizar, convenir...

Por la mañana suelta un piropo; al mediodía, un dardo envenenado; por la tarde, la miel; por la noche, el barril de ácido.

La semana que termina ha sido una verdadera guerra sicológica: Las fronteras de México, lo mismo al norte que al sur, permanecen crispadas.

La lógica diplomática recomienda guiar la relación bilateral por cauces protocolarios. Eso intenta México.

Pero son válidas otras opciones. El Departamento de Estado ha patentado la escuela: Con gobiernos indeseables, vías alternas con representaciones con poder real.

Frente a la amenaza de cierre fronterizo, por separado o concertados, los más poderosos frentes económicos y políticos estadunidenses han pactado la resistencia contra los dislates presidenciales.

Aquí, aquellos intereses tienen organismos espejo, los empresariales o sociales. Ya basta de que, estos intereses, las esperen peladitas y en la boca.



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