LOS DARDOS DE BRACHO

Comida e ¿Izquierda?


Carlos Bracho

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Mi amigo, me escuchó con atención. Le dio un sorbo a su café. Puso la taza en la mesa. Se me quedó mirando. Pasó sus manos por todo su rostro. Y me confesó:
 
-“Carlos, yo pertenezco a ese partido”. Hubo una gran pausa. Yo, desde luego, no sentía que mi amigo presente mereciera una explicación ni nada por el estilo. ¿Porqué, pues por que yo siempre tiro dardos a diestra y siniestra y claro, más de alguna vez se clavan en las nalgas de quien se lo merece. Y él continuó: -“Pero la calificación que acabas de hacer, compa Bracho, me hizo recular, quiero decirte, que en varias noches de tortura, pensaba, me decía a mí mismo que algo andaba mal… De hecho, si me crees yo no voté por el PRD… Y con el hundimiento que tuvo en las pasadas elecciones, y… No… no… Hizo una pausa interminable y me dijo, sacando de su bolsillo su credencial que lo acreditaba como miembro activo de ese Instituto- -“Mira, la rompo…”- -Y dicho y hecho, la rompió, la lanzó al aire y los pedazos volaron por los aires.
 
No me siento culpable por esta acción destructiva. No, creo que mi amigo hizo algo justo. Ahora, creo yo, estará libre de ataduras partidistas, y con el tiempo, estoy seguro de ello, podrá escoger otro Partido que demuestre en su andar político, en su vida interna, congruencia y que el uso de la razón republicana sea su común denominador.
 
Bueno, lectora pluscuamperfecta y amiga, quiero decirle que ante este hecho y como había tenido unos días muy ajetreados y de mucha candela, opté por una solución magnífica. ¿Qué hice? Se lo digo. Me fui de turismo ecológico y gastronómico.
 
Y ¿qué sitio creen ustedes que escogí, amigos bailadores y juaristas y zapatistas? Pues, ni tardo ni perezoso llegué a Tapijulapa, por cierto es un pueblo mágico, y que, lo saben ustedes, pertenece al municipio tabasqueño de Tacotalpa. Sus calles limpias, sus casas, con sus dueños felices, lucen su belleza y se resalta más por la exuberante vegetación y sus árboles que nos hacen ver que la Madre Natura, es mejor, mil veces mejor, que cualquier sistema político, pues, las flores, las aves, la lluvia se nos ofrecen sin pedirnos nada a cambio.


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