TELÉFONO ROJO

La lucha en el PRI


José Ureña

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Los priístas viven una contradicción. Una situación esquizofrénica: En público todos niegan preferencias en el proceso sucesorio de Claudia Ruiz Massieu y por eso evitan comprometerse.

Pero en privado hay efervescencia.

Convocan reuniones, diseccionan el partido, analizan perfiles y sobre todo buscan línea.

Ante la lucha ya perceptible, y seguramente para evitar fracturas, los aspirantes buscaron un acuerdo de civilidad entre todos: José Narro, Alejandro Moreno, Ulises Ruiz, Ivonne Ortega, Lorena Piñón…

Una participante, Lorena Piñón Rivera, pidió un proceso democrático –ella le llamó "piso parejo"- porque a su juicio empezaban a cargarse los dados.

Siguió el encuentro y un contendiente se le acercó para conciliar. Ella se incomodó, dio muestras de desagrado con el aliento de su interlocutor y explotó con la siguiente frase para sorpresa de todos:

-Ahora falta que para estas reuniones apliquemos el alcoholímetro.

Y TEMEN ELECCIÓN CERRADA

Otras reuniones han tenido ambiente distinto.

Desde febrero adelantamos aquí: la lucha por el PRI se daría entre dos cuadros altamente respetables: José Narro Robles y Alejandro Moreno Alito.

Una primicia porque entonces no había registro político de la participación del ex secretario de Salud y ex rector de la UNAM. Pero desde aquella fecha no faltan encuentros, de uno y otro lados.

Aquí dimos cuenta ayer de uno convocado en Toluca, negada por unos y confirmada por otros con una acotación general: no hay candidato oficial.

Ayer, Manlio Fabio Beltrones negó su presencia. Pero después, el domingo 10 de marzo, hubo otra reunión en Valle de Bravo y a ella asistieron Enrique Peña, la dirigente Claudia Ruiz Massieu y otros cuadros conspicuos del PRI.

Se vio como incorporación formal del ex presidente en el proceso, del cual había prometido mantenerse alejado cuando se retiró "a la vida privada" al dejar Los Pinos.

Otra más: el lunes 25 hubo una para aglutinar la estructura, poner a trabajar a los comités estatales e invitar a senadores y diputados federales y locales.

Esto se da cuando todavía no hay convocatoria y el bando adverso a la nomenclatura priísta –término acuñado por Carlos Salinas- teme un madruguete.

Por ejemplo, so pretexto de evitar una costosa votación abierta y con padrón sin control, autorizar al Consejo Político Nacional a una elección cerrada.

Como han sido muchas, pero ahora está empeñada la promesa democrática.



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