LOS DARDOS DE BRACHO

Comida e izquierda


Carlos Bracho

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La mesa estaba servida. Ya me había tomado un mezcal. Y como suele suceder con esta bebida tan de nuestra tierra, el mundo se te aparece como algo que hay que saberlo vivir, saberlo apreciar. Sí, ¡Salud! Y mis ojos estaban de fiesta: En unas cazuelas -entre otras exquisiteces que tenían- la de mayor tamaño estaba colmada con unos Caracoles de río y cocidos con chipilín y que ansiosos esperaban que yo los "devorara", casi me gritaban que los comiera, que si no la hacía con rapidez, alguien, algún aprovechado podría ganármelos.

Pero ¡calma! ¡un momento! Vamos a regirnos por el orden, todas las tareas que las mujeres emprenden, como ellas lo saben hacer, están regidas por esa simple palabra: orden: sí, como debe ser todo lo que en la vida se hace, es decir, que lo primero es lo primero. Va; pues resulta que charlaba yo animadamente con un amigo que había sido diputado conmigo en la ya lejana LIV legislatura federal. Como hacía algún tiempo que no lo veía, él estaba ansioso de saber cuáles fueron y cuáles son, en los días que corren, mis andanzas en la política nacional. Le comenté que sigo encaramado en la izquierda, y que esta corriente, pensándolo bien, y consultando con los anales de la misma, no existe como la conocimos hace muchos ayeres.

Hoy, esta filosofía está desdibujada, tanto así que a los miembros que antes tenían la camiseta roja, hoy la tienen, sí, pero está deslavada, está guardada en el armario de lo viejo y su color tira al azul. Igual pasa con sus ideas –políticas o sociales o culturales- pues ayer estaban firmemente cimentadas en la teoría marxista, y la lectura de las tesis leninistas iluminaban sus senderos y los caminos y las rutas que escogían para normar su diaria actividad, para difundirlas.

Hoy, en el triste hoy, existe una izquierda desgarrada en la nada, una izquierda conformista que se adapta a cualquier cambio, que se pone cualquier camiseta de cualquier color, que se entrega con facilidad a otras teorías que les "suenan", en su desvarío, como ciertas y valederas.



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