RAIZALES

Deseos de parturienta (final)


Heberto Taracena Ruiz

-Qué refregar. La mujer no me dejó dormir en toda la santa noche. Está embarazada y de antojo.
-¿Antojo de ti?
-¡Bah, hombre! Antojo de tamalitos de chipilín y que a eso de las dos de la madrugada fuera yo a golpear las puertas del JOLY´S –restaurante tradicional de Cunduacán-, para conseguirlos con doña ESA a como diera lugar porque si no, la criatura podía nacer con pecas verdes.
 
Los hablantes siguieron entretenidos, sentados en el pretil del parquecito.
 
Entre ellos sacaron a cuento dos o tres hablillas de la comunidad.
 
El caso de una señora que estuvo deseando cangrejo y no pudieron conseguirlo por no ser el tiempo de la corrida, junto con tildarla de delirante.
 
Y que pronto nace una niña que a los ocho meses gateaba para atrás y para atrás.
 
El de otra dama que estuvo deseando desesperada CHIQUIGUAO. Buscaron al quelonio en serio, tratando de complacerla, sin conseguirlo. Sabemos que estos animalitos casi se han extinguido por la gracia de nuestra indolencia. Pues pasa que la señora da a luz un niño. Crece normal. Pero metiches soltaron luego luego de que aquello a que llamamos la manzana de la garganta, la tenía el niño en forma de la nuca del CHIQUIGUAO.
 
-Qué le hacemos, compa Trino.
Y el compa, un viernes, casi para que el semanario clásico El Hijo del Garabato empezara a vocearse en Villahermosa, con sonora voz concluyó: -“Ahí queda eso”. “Tira la cuerda, Nicolás”.