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“Tuve cientos de mujeres”: Alfredo Adame


Shanik Berman

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¿Cómo eres como pareja, Alfredo Adame?
Soy cumplidor, ya las balas son de plata, como El Llanero Solitario, y ya soy un gallo muy jugado, doy el gasto, surto la tiendita, no hay queja en ese sentido, pero no me gusta el reventón y cuido mi salud; no me vaya a quedar en un desvelón con una noviecita de 23 años. Logré llegar hasta ahora invicto, ¿para qué quiero un infarto?
 
¿Eres un hombre generoso con la mujer que te gusta?
Sí, si lo he sido toda la vida; me gusta consentir a la mujer que quiero y le doy todo lo que quiere y pide.
 
¿Cuántas mujeres has tenido, con cuántas hiciste el amor?
No te puedo decir, ni me acuerdo; cientos.
 
Y ¿te arrepientes?
No, hombre, al contrario, qué afortunado; nunca tuve la preocupación de contarlas, pero sí hubo muchas mujeres, lo mismo noviazgos de un mes, nunca pasé de los dos meses de noviazgo y a veces hubo mujeres de dos noches, o de una noche, de un fin de semana, uno va probando en la vida y tratas de iniciar una relación, yo ya estoy muy enfiestado, ya viví todo lo que tenía que vivir, ya le di vuelo a la hilacha y me tomé todas las cubas que me tenía que tomar, ya me metí con todas las que me tenía que meter, pero estoy abierto al amor, aunque las parejas circunstanciales son como los camiones: pasa una cada 30 segundos.
 
¿Tú perdonas una infidelidad?
No, eso yo no perdono si ando con una mujer; y ni se la haría cansada, ni me enojo, ni nada; cuando te ponen el cuerno es por algo. Aprendí muy bien, a las malas personas, sácalas de tu vida rapidito.
 
Y todavía cuando haces un papel de sexy galán, ¿les preguntas cuando las besas si con lengua o sin lengua?
Sí, les pregunto si con lengua o sin lengua. Les pregunto: ¿quieres un beso fresa, quieres un beso con saliva o cómo lo quieres? Yo soy muy respetuoso, les pregunto, para no incomodarlas.
 
Y cuando haces el amor en las novelas ¿también les dices si con entrada?
Bueno, eso no se decírtelo, porque no lo he hecho. En escenas de cama pues también se los pregunto, mi personaje siempre fue el galán bueno, el que las señoras quieren para novio de su hija o para marido de ellas, siempre fui un galán fresa-, concluyó Alfredo Adame.


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