ANALISTA

El tiempo de la reconciliación


Óscar Gómez Cruz

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Desde niños se nos enseña que no es bueno guardar rencores, que lo mejor para nosotros mismos y la sociedad en su conjunto está en perdonar y ser generosos.

Sin duda es correcto desde un punto de vista moral y hasta religioso. No hay ninguna religión que esté en contra del perdón y la generosidad como valores fundamentales de la convivencia en este mundo, y como un vehículo para llegar al plano superior de la trascendencia.

El tema cambia en la real convivencia social, y cuando los seres humanos nos damos alguna forma de gobierno basada en leyes; pero leyes de los hombres, no religiosas.

La Ley sirve para asegurar la convivencia de todos, independientemente de nuestra diferencia de ideas, credos o filiación política. Por supuesto, considera a la ética y moral en sus preceptos, ya que defiende los valores superiores que a lo largo de los años los seres humanos vamos reconociendo: derecho a la vida, a la libertad, y afortunadamente recientemente a la equidad de género, por ejemplo.

Pero la Ley tiene la responsabilidad de sancionar y castigar a aquellos que la incumplen; tiene un rol de cimiento social, de creadora de instituciones, de organizadora y rectora del actuar de gobernantes y gobernados, pero también de juez y verdugo.

La corrupción que tanto afecta a México en su vida institucional y social, no terminará mientras no existan sanciones claras y ejemplares a quienes rompen y han roto la Ley, estando a cargo de la dirección del Gobierno, siendo responsables del manejo de los recursos de todos los mexicanos.

Sancionarlos no es venganza, es justicia mientras se haga en estricto apego a la Ley y las instituciones que para ello nos hemos dado.

No es menester de nadie otorgar "perdón" o "clemencia" divina desde un atril ante los medios. La Ley es la Ley y debe aplicar para todos.

De otra forma el "combate a la corrupción" es mera retórica electorera (aunque ya se hayan terminado las campañas).

La corrupción con sus aristas en temas como la inseguridad, no termina con un "borrón y cuenta nueva".

Requerirá generaciones educadas y conscientes. Requerirá sanciones ejemplares y cambios profundos en el interactuar social actual.



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