RAIZALES

La máquina de coser


Heberto Taracena Ruiz

A Doña María Dolores Ruiz de Taracena 

Los objetos recuerdan a sus dueños. La casa de ladrillos pulverizados, sin techo, de paredes cuarteadas, convoca a la memoria de quienes la habitaron. El sillón alto y cómodo parece conservar dentro de sus fibras empolvadas el movimiento acompasado de otros días y tardes. El butaque del abuelo, revestido de piel de venado, invoca sus canas… 

Aquella máquina de coser quedó impregnada de laboriosidad creativa y ella misma, por cuenta propia, hace recordar que su dueña cosía pobrezas compartidas, remendaba detalles con la diligencia de quien saca el último provecho a las prendas usadas; era paciente como una gota de agua a través de los siglos: dirigía la aguja entre sus dedos ásperos y se concentraba entera, hasta lograr que la camisita luída del hijo mayor le sentara al pequeño que habría de estrenarla el domingo, en el parque del pueblo… 

Recordaba la máquina de coser a su dueña siempre atareada, infatigable costurera de ánimos y fuerzas creativas… 

La recordaba en diciembre, en Navidad: cuándo no a las doce de la noche, al momento en que los hijos de la casa, adolescentes, regresaban para celebrar la cena de la pobreza compartida… Cuándo no por la mañana, antes de las tareas de la cocina… La recordaba viva como si fuese todavía carne, hueso, paciencia, creación… 

Los objetos recuerdan a sus dueños.