EL TABASQUEÑO

Congreso Local: 30 años de envilecimiento


Héctor Tapia

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+ La cuenta aprobada a Núñez mala señal de cambio.

+ ¿Habrá 4T en el Poder Legislativo o seguirá la simulación?

 

¿Para qué sirve el Congreso Local?, es una interrogante constante que se hacen los tabasqueños cada que sienten la obligación de votar por personajes que quieren ocupar una curul en algo a lo que los ciudadanos le ven poca utilidad, y al que se le ha acuñado un mote sobrevalorado: 'Representantes del pueblo'.

Desde su creación el 3 de mayo de 1824 y hasta mediados del siglo XIX, el Congreso del Estado protagonizó conflictos y encontronazos con distintos gobernantes, con el entonces Congreso General e incluso con presidentes de la República a los que más de una vez desconoció, llegando a separar al estado del resto del País. De ahí el temor a esta institución.

Si adelantamos el reloj y lo situamos en 1989, hace apenas 30 años, cuando el hijo de Lázaro Cárdenas quebraba al PRI y creaba a su hermano gemelo de izquierda, el PRD, encontramos un Congreso local sometido al Poder Ejecutivo, extraviado del prestigio que sus fundadores y mártires le dieron. Desde entonces esta institución ha sido degradada, comprada, acorrientada, convertida en un trapecio político o tomada como una forma fácil de hacer dinero.

Aunque no todos, quienes por ahí han pasado las últimas tres décadas olvidaron el honor que signifcó representar al Poder Legislativo, ser guardianes de la Constitución Política del Estado y hacedores de leyes que la enriquezcan. Aunque para mí, quizá la función más importante de estos diputados, -y de ello depende la conducción correcta del estado-, es el control político que debieron ejercer sobre el Poder Ejecutivo en turno, llámense alcaldes o el propio gobernador.

¿Qué signifca eso? Estamos hablando de la vigilancia que el Congreso debe tener de los gobernantes para que no excedan sus funciones, para que gasten de forma ordenada y honrada los recursos que pertenecen a todos los tabasqueños.

La hegemonía actual de Morena debería servir para moralizar al Congreso local, dejar atrás esos 30 años oscuros marcados por señalamientos de corrupción, por 'cañonazos' de millones de pesos por aprobar cuentas públicas, o por avalar leyes que ensancharon en muchos casos la inequidad electoral del estado. Acabar también con la disciplina del trapecista: 'Pórtate bien para que te demos otra candidatura'.

Si hay una 4T en el Congreso, ésta tendría que enterrar esa triste etapa que tanto daño ha causado al estado.

 



El 6 de septiembre de 2018, un día después de iniciar su ejercicio constitucional, la LXIII Legislatura del Congreso Local recibía de la fracción parlamentaria de Morena dos madrugadores decretos, uno para eliminar el fuero y otro para reducir el financiamiento público de los partidos políticos, ambas acciones fueron aprobadas por unanimidad 12 días después.

También en un acuerdo político, la LXII Legislatura saliente aceptó abrir un período extraordinario para reformar la Ley Orgánica y el reglamento interior del Congreso para reducir de 27 a 17 las comisiones que operan, así como recortar el número de áreas administrativas para ahorrarse 11 millones de pesos. Ambas propuestas sentaron un buen precedente legislativo, pues son acciones impensables durante los gobiernos priistas, e incluso en el anterior encabezado por el PRD.

Inmediatamente llovieron los aplausos. Las medidas llegaron hasta los oídos del Presidente de la República que no tardó en ponerlos como ejemplo de lo que él llama la Cuarta Transformación, era digno de destacar que desde Tabasco, su estado, los legisladores dieran el ejemplo aboliendo el fuero, reduciéndose dietas y gastos.

Estas primeras acciones no pueden quedar como golpes mediáticos de arranque del partido en el poder, tienen que continuar las reformas dentro del Poder Legislativo eficientando mecanismos de supervisión de las cuentas públicas, ampliando de un 10 a un 100 por ciento el rango de auditorías aplicadas por el Órgano Superior de Fiscalización a los 17 ayuntamientos, los tres poderes y órganos autónomos, además de establecer supervisiones trimestrales.

Punto aparte es revisar la 'autonomía' del OSFE que lo alejó del poder Ejecutivo, pero lo acercó demasiado con los entes supervisados, al grado tal de acusarse dictámenes a modo.

Mucho trabajo tiene por delante el Congreso local que hoy ajusta 116 días, aunque lamento que en los ocho ejes temáticos de la agenda para el primer período ordinario de sesiones no se mencionen con mayor claridad qué acciones concretas realizarán para transparentar la vigilancia de los recursos públicos.

Por ejemplo, en el eje de 'Transparencia, Rendición de Cuentas y Combate a la Corrupción' sólo se habla de reformas a diversas leyes, como la del Sistema Anticorrupción del Estado y la de Fiscalización Superior del Estado, sin mayores detalles, y casi al fnal, se menciona que buscarán un acuerdo parlamentario con el Congreso de la Unión para reformar la Ley General de Contabilidad Gubernamental, así como la calificación de las cuentas públicas.

Un compromiso de cambio y renovación moral de la vida pública como el que prometió Morena con la cuarta transformación, debe pasar también por el Congreso y borrar de una vez por todas ese estigma que asomó el 13 de diciembre pasado, cuando esta legislatura aprobó 'a ciegas' las cuentas públicas 2017 del gobierno de Arturo Núñez Jiménez.

Ahí naufragó por momentos la credibilidad. ¿Habrá de verdad cambio?

> DEJO PENDIENTE: ¿Quiénes son y qué han hecho los actuales legisladores?

 

 

UN ADAGIO: “Cuánto mas corrupto es el estado más leyes tiene”. / TÁCITO
 



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