POLÍTICA DE HOY

Tabasco sangriento


Samuel Cantón Zetina

Las estrategias de prevención del delito no sirven o son limitadas.

A diario, los medios de comunicación dan cuenta de los casos de violencia en la geografía estatal.

La delincuencia, y es un encabezado recurrente, continúa imparable.

Ya la cabeza del secretario de Seguridad Pública repetidor debe estarse separando de su cuerpo, como sucedió con los anteriores, incluyendo al general Audomaro Martínez, titular del CISEN.

¿Son útiles los circos romanos? Da la impresión que las tácticas deben modificarse y ampliarse, para dejar de ser solamente del ámbito policial, y más recientemente, del militar.

Patrullas, elementos, armamentos, cámaras, rondines y retenes no han frenado -ni atemorizan- a los enemigos del orden.

Esa es la verdad.

Tal vez es hora de replantear la prevención llegando además directamente a los hogares -los hechos de sangre están siendo protagonizados por tabasqueños, a diferencia de antes, que los criminales eran de fuera-, a partir de adaptar el viejo dicho de AMLO de que "sólo el pueblo podrá salvar al pueblo", para quedar así: "Sólo las familias podrán salvar a las familias", del dolor de perder hijos y seres queridos, y de albergar en casa asesinos y secuestradores.

Hay que recurrir al auxilio efectivo de las madres, que por lo general son las más escuchadas y respetadas, para inhibir y desalentar conductas socialmente perniciosas desde los mismos cimientos.

Al mismo tiempo, hay que hacer llegar a los domicilios toda la información referente a las penas y consecuencias a que se enfrentan los delincuentes, mencionando el riesgo que corren (de hasta perder la vida) en la comisión de los ilícitos.

Es imposible que haya un policía cuidando a cada habitante o vigilando cuadra por cuadra.

Otro aspecto en que vale la pena machacar es en trabajar para recuperar la confianza ciudadana en las instituciones de justicia, consignando el incremento de condenas y de los años de prisión. Hay que hacer mucho más.



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