ENFOQUES

Pemex y su carga fiscal


Héctor Dagdug Rangel

Durante décadas, Petróleos Mexicanos fue la mal llamada "caja chica" del Gobierno Federal.

Anotamos mal llamada, porque en realidad más que una caja chica, llegó a ser el sostén económico del país, salvándolo más de una ocasión de la bancarrota. Para los gobiernos resultaba más cómodo y fácil, vía una carga impositiva excesiva, extraer gran parte de sus ingresos para compensar sus laxas e ineficientes políticas recaudatorias. Ese trato, al que ninguna empresa pública o privada del mundo fue sometida, contribuyó de manera sensible a una gradual y constante reducción en los recursos destinados a exploración, mantenimiento y creación de infraestructura productiva.

Sin embargo, el reciente anuncio del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, en torno a la reducción de la carga fiscal a Pemex genera confianza e inicialmente, es bien visto por la inversión privada. Además, la medida provocaría o debería hacerlo, replantear la calificación de la deuda de la otrora paraestatal pues, una vez aliviada de ese excesivo peso tributario, podría liberar recursos.

Consideramos que Pemex debe mantenerse como un competidor fuerte en el escenario energético nacional e internacional y, lo cierto es que no puede abandonársele toda vez que aún cuenta con una importante infraestructura y genera buena parte de la riqueza del país.

Es preciso recordar que durante mucho tiempo, desde algunos sectores de la iniciativa privada y del propio gobierno, se dijo que las posibilidades de que Pemex compitiese con empresas extranjeras en la explotación del petróleo eran prácticamente nulas debido, precisamente, a su carga fiscal, que la dejaba sin recursos para invertir en su expansión y modernización.

Así entonces, el anuncio del Ejecutivo Federal sobre una significativa reducción de ese gravamen, vendría a reposicionar a la petrolera en el contexto mundial como una empresa competitiva.



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