EL TABASQUEÑO

Andrade-Núñez: De la estabilidad al docenio catastrófico.


Héctor Tapia

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+ Arturo Núñez y Martha Lilia, indolentes y frívolos.

 

+ El decálogo de MAD para Adán Augusto.

 

 

Pon algo de música Licho, pidió el gobernador Arturo Núñez… -Sí Licho, pon a Juan Gabriel, se apre­suró a decir Martha Lilia.

«¿Quieres bailar esta noche? / Vamos al Noa, Noa, Noa / Noa, Noa, Noa vamos a bailar»

Yo iba en verdad incómodo. Apre­tado en la tercera fila de asientos de la camioneta Tahoe gris oscura. Flanqueado por Gerardo Gaudiano Ángel Solís Carballo. Sudábamos, o sudaba tal vez únicamente yo, no lo recuerdo bien.

La música había sido puesta para romper un largo silencio tras una explicación no pedida de la esposa del gobernador:

—A esa señora, ya es la segunda vez que la atiendo. Ya le he dicho que se acerque al Hospital del Niño, pero ella quiere que la ayudemos con un tratamiento experimental muy costoso en Monte­rrey. Cada sesión vale como cien mil pesos.

Minutos antes de subir a la camioneta blindada habíamos presenciado una escena angustiosa. Una mujer con un pequeño de ocho años en brazos abordó a la pareja gubernamental para pedirle ayuda con un largo y desgarrador grito: “¡Ayúde­me señor gobernador! ¡Ayúdeme doña Martha!”, rogaba la joven madre, mientras cargaba a su hijo, un niño sin cabello, de piernas largas y ojos extra­viados.

La multitud reunida en el fraccionamiento Lagunas para la inauguración de un plantel del Ifortab callaba a la espera de la respuesta: -Ve al Hospital del Niño, ahí te van a atender, alcancé a escuchar entre el mundo de gente arremolinada.

Cuando subimos a la camioneta -yo iba de cola­do-, sólo había silencio. Nadie sabía qué decir. En lo personal, sólo recuerdo que sudaba. Ahora que lo pienso, ni los 30 años viendo fotografías impubli­cables de noticias desgarradoras en el periódico, se comparan con el pesar emocional que sentí al ver a esa mujer con su niño enfermo de cáncer pidiendo ayuda.

«Noa, Noa, Noa, Noa, Noa / Noa, Noa, Noa vamos a bailar»

Con música se intentó lavar el momento, pero en mí quedó marcada la indolencia de Arturo Núñez y su mujer ante la desgracia ajena, la cual al menos él juró atender.

Hoy sé que mientras aquella joven madre sufría pidiendo ayuda para salvar la vida de su hijo, Cerna Leeder se gastó dos millones de pesos en ‘alimentos’ con cargo al Seguro Popular.

Indolencia criminal.

 

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Ha pasado un mes desde que don Arturo dejó el gobierno. Poco a poco ha ido saliendo a flote el

robo descarado que hubo en su gobierno, como los 76 millones de pesos que no aparecen en la direc­ción del Seguro Popular que dirigieron Rommel Cerna Leeder, Fredy Galmiche Hernández y Jesús Sebastián Palma Peralta.

Hoy, ante los resultados de su sexenio, se pue­de concluir que Núñez arribó al poder sin pasión por gobernar. Llegó tarde, o tal vez nunca debió llegar. Pero además, lo hizo confundido ideológi­camente: una persona formada completamente en el PRI termina convertido en un hombre ‘de izquierda’.

Quienes lo conocen de cerca aseguran que Núñez prácticamente fue empujado por su esposa para conseguir la gubernatura, y ya en el poder, cansado, sin pasión, terminó entregando el gobier­no a Martha Lilia y al primo de ella, Amet Ramos.

Desempeñar el poder requiere de un gran equilibrio emocional, y Núñez lo ejerció con gran resentimiento y con algo que fue más dañino para su gobierno: La soberbia, que le ocasionó un trato distante o despreciativo hacia sus propios fun­cionarios, desestimándolos, disminuyendo sus capacidades, y en ocasiones, esmerándose en ridiculizarlas.

Y sí, el ex mandatario deberá ser recordado como el gran exponente de su generación, la ‘Ge­neración Perdida’, ahí están los resultados.

 

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¿Cómo saber si hemos elegido bien? ¿Cómo medir qué esperar de los nuevos alcaldes, regido­res, diputados y del propio gobernador en turno? Esta mala experiencia con Núñez -segunda al hilo, después de Granier-, debería despertar a la sociedad, provocar una mayor participación y vigilancia del quehacer gubernamental, sin intereses económicos o políticos detrás sino con el legítimo interés por evaluar el desempeño de las autoridades.

El retrato personal de un gobernante, de cualquier nivel, exige convicciones sólidas, trans­parentes, coherentes y hondas, con principios claros y definidos. A quienes les dimos las llaves de nuestro estado o municipio tienen que ser mu­jeres u hombres de conducta ejemplar a la hora de cumplir los compromisos que todo ciudadano está obligado a desempeñar: Impuestos, servicios y obligaciones.

Que ilusione más por su honestidad que por su carisma.

Muy importante: un gobernante bien prepa­rado no debería subirse jamás al ‘ladrillito’ y marearse, alguien formado profesionalmente y con vocación de servir tiene claro que no es ni más ni menos que un servidor público.

Tampoco ha de confundirse creyendo que los votos recibidos son un cheque en blanco para hacer y deshacer lo que quiera, un voto es un permiso temporal de confianza para realizar un encargo del pueblo, y por lo tanto, el gobernante siempre tendrá en cuenta que se debe entera­mente a los ciudadanos y no ellos al gobernante. ¡Si no estamos en la Edad Media!

Evalúe: ¿A quien usted recién eligió en julio posee la mayor calificación académica y profesional posible? ¿Quien le gobierna tiene ap­titudes sobresalientes dignas de admirar? Si no es así entonces cómo esperar grandes resultados. Re­cuerde aquella frase, muy cierta, que dice: “toda nación tiene el gobierno que se merece”.

 

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Hasta antes de lo que desde ahora llamaré el ‘docenio catastrófico’ de Granier y Núñez, los gobiernos estatales habían funcionado con cierta regularidad, con sospechas de robo en las finanzas públicas, pero sin grandes sobresaltos, ni hoyos financieros, ni crisis de pagos a proveedores.

El último gobierno de la ‘estabilidad’ priista fue el de Manuel Andrade Díaz, un político que pue­de ser criticado de todo: que usa malas palabras, que está gordo, que traicionó a Núñez, que es muy dado a las fiestas… pero asombrosamente entregó buenas cuentas al cierre de su ejercicio guberna­mental, anterior al del Químico Granier.

Varios políticos con los que he platicado, entre ellos el propio Andrade Díaz, ven como uno de los puntos claves del éxito de un gobierno la ela­boración y aplicación de un verdadero Programa Estatal de Gobierno, uno que recoja las necesi­dades económicas, políticas y sociales del estado, el cual servirá de ruta a lo largo del sexenio.

Ni Granier ni Núñez le dieron la importancia necesaria al Comité de Planeación para el Desarro­llo del Estado de Tabasco, perdieron la brújula, dejaron de evaluar las estrategias y con ello extra­viaron el rumbo que ese elefante reumático -López Obrador dixit- llamado gobierno, tenía que tomar.

Manuel Andrade Díaz me compartió un de­cálogo, de lo que a su consideración le funcionó hacer durante su gobierno, mismo que pongo a

consideración de Adán Augusto López Her­nández. Dicen que los buenos consejos nunca están demás:

 

1.Te tiene que caer el veinte de que tú ya eres el gobernador, tienes que dejar a un lado todo lo que no sean tus labores de Estado, eres el líder, y como tal, es tu responsabilidad armonizar a Tabasco para que todo funcione.

2. Tienes que elaborar con claridad una carta de navegación. ¿Gobernador de qué vas a ser? ¿Del empleo? ¿Del desarrollo? ¿De la Salud? ¿De la Seguridad? Para eso tienes que cuidar que tu Plan Estatal de Desarrollo sea un documento realista. En este punto, la presencia de Leopoldo Díaz Aldecoa da confianza en el sentido de que Adán sabe de la importancia de la planeación y sobre todo de la evaluación.

3. Equipo de Gobierno: Es importante re­visar a qué profesionales vas a ocupar de­pendiendo de la problemática que hay en cada una de las áreas o sectores del estado. Poner a quienes tú consideres son los mejores para ayudarte a resolver donde estén los problemas.

4. El gobernador debe estar muy claro y de­finido de dónde está, hay que ubicarse políticamente, quién soy, cómo llegué a donde estoy. Nada de creerse que esos votos son sólo míos y perder el piso.

5. La gente te puede perdonar todo como gobernador, tus errores humanos, tu falta de experiencia inicial, pero lo que no perdona nunca es la frivolidad y el robo descarado. Pone el ejemplo de la profesora Martha Lilia haciendo compras en Palacio de Hierro en plena crisis de recursos en el estado.

6. No puedes dejar de hacer política en la Ciudad de México. Cuando menos una vez a la semana deben atenderse las gestiones de recursos ante el gobierno federal; además, es importante comunicar lo que se está hacien­do en el estado. No se debe dejar de visitar a personajes de la política nacional para difundir el trabajo.

7. No puedes dejar de visitar tres días a la semana los municipios del estado. “Santo que no es visto no es adorado”, dice Manuel. Además, un gobernador mueve montañas y me explica: Cuando él visitaba por ejemplo una escuela, luego los papás le decían que gracias a esa visita el director del instituto reparaba el cristal roto que tenía años así, cam­biaba el foco fundido, etc.

8. Tienes que convertirte en un vigilante acucioso, diligente del presupuesto estatal y municipal, para eso son muy impor­tantes las reuniones trimestrales de evaluación tanto de las dependencias estatales, como las de los ayuntamientos. Se debe aprovechar que hay 15 ayuntamientos de Morena para incluir­los también en las evaluaciones.

9. Tienes que definir cuáles son las obras emblemáticas con las que te van a re­cordar, obras que sean de utilidad y que hagan suyas los tabasqueños. Puentes, carreteras, etc.

10. Tienes que prepararte para el séptimo año, pavimentar la salida. Para ello debes planear con tiempo el pagar deudas, no dejar problemas a la próxima administración. Durante el gobierno se mueven intereses, se crean conflictos, es importante resolver pleitos, buscar a quienes hayas lastimado, reconciliar con todos. Salir en paz.

 

 

 

 

UN ADAGIO: “Un gobernante si quiere conservar el poder, nunca debe ser odiado, ni despreciado”. / MAQUIAVELO

 

 



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