Altavoz

Pandora y Andrés


Fabiola Xicoténcatl

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Cuenta la leyenda que Hefestos, dios griego del fuego y la herrería, creó a Pandora. Y ahí viene la historia: Zeus, en venganza porque Prometeo había robado el fuego con el que empoderó a los humanos, le presentó a Epimeteo, -hermano de Prometeo-, a Pandora, la mujer con la que se casa.

De regalo de bodas Pandora recibe una tinaja ovalada, llamada también caja, con la petición de no abrirla nunca por ningún motivo. Pandora, que era curiosa por naturaleza, decide desobedecer la orden y retira la tapa de la tinaja para ver lo que contenía y es ahí cuando se escapan todos los males del mundo.

Cuando logra cerrarla sólo queda en el fondo Elpis, el espíritu de la esperanza, el único bien que los dioses habían introducido en la Caja de Pandora. Por eso la esperanza es lo último que muere, de acuerdo a la leyenda de Pandora.

Hoy, la batalla que libra Andrés Manuel López Obrador contra los males que se le desataron cuando tomó las riendas de la Presidencia de la República en diciembre de 2018, es titánica, heroica, encarnizada, a sangre y fuego.

Parece que se cumple el vaticinio del vate zacatecano Ramón López Velarde, con el petróleo de Pemex, "El Niño Dios te escrituró un establo y los veneros del petróleo el diablo". López Obrador desató todos los demonios, esos que vemos a diario en las redes sociales y en los editoriales de los periódicos que le abren fuego, lo lapidan, lo acribillan con memes y caricaturas. Pero él, con la habilidad del pejelagarto, se les escapa de las manos, se les escabulle y cada mañana, a partir de las 7:00 de la mañana, les gana la batalla en cadena nacional.

La guerra contra el huachicol va para largo. La fiesta apenas empieza. El hachazo viene fuerte, aún no ruedan las cabezas de los grandes, de los que estaban muy arriba, encumbrados por décadas. Dos Bocas, Azcapotzalco, Estado de México, Hidalgo, Guanajuato, Puebla, son apenas la punta de la madeja. El presidente tabasqueño, ahí la lleva: más del 80% de los mexicanos apoyan el combate contra la corrupción y la ordeña de ductos.

Si gana esta batalla, AMLO estará condenado a convertirse en el próximo Lázaro Cárdenas. En sí, la lucha contra el huachicol y su hidra de mil cabezas, es otra especie de expropiación petrolera del siglo XXI. La esperanza de que un nuevo México resurja de sus cenizas, de la llegada de un nuevo mañana, es lo único que nos queda como pueblo, luego de ver el grotesco y despiadado atraco que cometió por décadas la mafia del poder.



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