PLUMA DE GRUPO CANTÓN

Feminismo o exhibicionismo


Porfirio Muñoz Ledo

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Provengo de una familia de maestros. Dos salarios: equilibrio de género. La vocación intelectual y el deporte: un microcosmos sustentado en la igualdad. Ingresé a la escuela en la época de la educación socialista, siendo mi madre maestra y después directora. Se llamaba Rosa Luxemburgo. La mojigata segregación de los géneros en las escuelas -ocurrida años después- me privó de la compañía de las mujeres hasta llegar a la Facultad de Derecho, donde encontré pocas pero empeñosas, inteligentes y solidarias. Desde entonces no ha dejado de crecer la participación de las mujeres en la vida pública.
 
Si bien todos los procesos constituyentes estuvieron integrados exclusivamente por varones, destacan las ideas del revolucionario radical Tomás Garrido Canabal, que desembocaron en la instauración del voto femenino en Yucatán (1923), en San Luis Potosí (1924) y Chiapas (1925). En 1937 el Presidente Lázaro Cárdenas presentó una iniciativa de reforma aprobada por el Congreso de la Unión y las legislaturas de los estados. No obstante, la declaratoria nunca se expidió porque el PNR argumentó que el voto de las mujeres “podría verse influenciado por los curas”. Afirmación que el tiempo ha refutado. En 1953 el presidente Ruiz Cortines recuperó esa iniciativa. Cronistas de la época aseguran que lo hizo porque en su contienda electoral contra el general Enríquez Guzmán fueron en extremo violentas. Pensó que el voto de las mujeres propiciaría la presencia familiar en las urnas, con lo que se erradicaría las confrontaciones físicas.
 
Reformas electorales sucesivas desde 1994 han promovido el acceso de las mujeres a los cargos de representación, particularmente por la vía plurinominal. El primer congreso paritario fue el Constituyente de la Ciudad de México. La actual Cámara de Diputados ha superado esa relación, toda vez que tiene 48.2% de mujeres frente al 51.8% de varones. Esa ecuación será capital para el remozamiento de la Constitución y leyes federales. Se dice sin embargo que el sexo femenino ha incrementado su representación política, pero no su poder real. Hago llamado a todas mis amigas y compañeras para que asuman plenamente su independencia.
 
Subsiste un enorme déficit en la paridad de los cargos públicos. Contamos con sólo dos ministras, sobre once en la Suprema Corte; hay solamente una titular de los nueve organismo constitucionales autónomos; dos mujeres –sobre 32- en las Gubernaturas de las entidades federativas y el 25% de los Ayuntamientos son presididos por mujeres. En las fuerzas armadas sólo hay tres generalas y en la armada ninguna almiranta.

 



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