Altavoz

Villahermosa y sus demonios


Fabiola Xicoténcatl

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En cuestión de vialidad, Villahermosa es un total desgarriate. Y vaya que el orden no es cuestión solamente de agentes de Tránsito, policías o calles ordenadas. No.

El tabasqueño se ha convertido en un ente irrespetuoso y violador de la ley vial, cobijado por el abandono descomunal de seis años de agentes del orden que jamás se les vio por las calles de Villahermosa o carreteras de los municipios, salvo para extorsionar, "morder" o abusar descaradamente de uno que otro ciudadano.

El paisano que agarra un volante se convierte en automático en un demonio vial. Se le ponen colorados los ojos por la inyección de una dosis de extremo abuso. Ya no es amable ni caballeroso, al contrario, es déspota, cruel, majadero, irrespetuoso, grosero con los peatones y los demás conductores.

El caso es ganarle en todo a los demás, y si eres chofer de taxi, combi, transbus, urvan, metrobus, pochimóvil, de la Coca-Cola, del gas, de los repartidores de agua, increméntele la dosis de abuso a la 99 potencia.

Les vale estacionarse donde se les da la gana, y si es en medio de la calle mucho mejor; pasarse el rojo o manejar en sentido contrario, no respetar el disco de Alto -si de milagro existen en alguna interjección-, ganarle al de adelante aunque te le atravieses en las rayas peatonales.

El caso es que para ganar se necesita ser lo más abyecto y desgraciado que se pueda, o si no, no tiene chiste conducir en Villahermosa.

Mitad de la culpa la tiene la PEC, que en los últimos seis años fue un total desgarriate, a la deriva, con 7 directores que cambiaban año con año. Jamás se les vio patrullando en el día. Sólo en el primer cuadro de la ciudad para extorsionar al que se dejara, y en las 50 mil paradas de taxis, combis y autobuses del centro, donde su éxtasis era centavear con 5 ó 10 pesos a los combieros o transbuseros. Y por las noches aparecían de milagro, por el periférico de la ciudad, literalmente cazando a los traileros.

En seis años no le pasaron ni un brochazo a los destartalados semáforos, ni una caleada a los desvencijados señalamientos viales -donde por milagro lograbas encontrar uno de pie-.

La única obsesión es Paseo Tabasco, que llevan siete años pintándola, reparándola, poniéndole pavimento, cambiando el reloj floral.

Así que cambiarle la mentalidad a toda una generación y volver a meter en orden a los agentes del orden vial parece una tarea imposible.

Ojalá y haya disciplina vial y se exorcisen esos demonios que nos atormentan a diario. ¡Cuánta falta hace Chavo Suárez!



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