ANALISTA

El dilema del prisionero


Óscar Gómez Cruz

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Imagine que está usted en el cine y alguien comienza a gritar desesperadamente: ¡fuego, fuego!

Lo que seguramente usted y yo haríamos, es correr hacia una salida, aún sin estar seguros de que en verdad hay un incendio. El resultado subóptimo de tomar esta decisión racional, es que muy posiblemente no moriremos ni quemados ni asfixiados, pero sí aplastados.

La clave está en la información que, en muchos casos no existe, es imperfecta o incompleta.

En nuestra vida diaria tomamos decisiones racionales, basadas en información imperfecta o incompleta y el resultado es que obtenemos resultados subóptimos, es decir, malos

En 1950, Merrill M. Flood y Kevin Dresher comenzaron con estos estudios de comportamiento y decisiones personales y sociales. Pero fue Albert W. Tucker quien le dio el nombre de Dilema del Prisionero a este fenómeno, que es muy utilizado en teoría de juegos y explica comportamientos humanos que, al aplicarles métodos cuantitativos, permiten predecir comportamientos sociales.

El Dilema del Prisionero es importante para explicar muchas de las fallas y deficiencias que vivimos en nuestra sociedad. Se explica comúnmente con dos presos que son interrogados en lugares separados. Se les dice a ambos que el otro ya confesó y que de no hacer él lo mismo, cargará con toda la culpa y por ende, con la pena más severa.

La decisión racional es por ende confesar. Si ambos lo hacen, los dos obtienen la pena máxima, pero si ninguno habla, ambos salen libres o reciben la pena menor.

A mayor información y conocimiento en la sociedad, las decisiones racionales producen resultados óptimos. Por ende, debemos buscar como país una sociedad más educada, informada y analítica por el bien de todos.



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