Altavoz

La maldición y los canallas


Fabiola Xicoténcatl

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Tanta biografía para tan pocos resultados, quedaría al dedillo a la clase gobernante en fuga, que hace seis años llegaron con grandes expectativas y se fueron como los ladrones, de noche y a escondidas. Del tamaño de las esperanzas que sembraron en un pueblo que venía de un desencanto y que cayó en una desgracia peor, es el repudio y desprecio que hoy les profesan los tabasqueños.

Fueron como un Rey Midas al revés, todo lo que tocaron lo destruyeron. Arruinaron las Unete (Unidad Especial de Terapia y Estimulación), donde se le brindaba toda clase de ayuda y terapia a los niños con capacidades diferentes, por el sólo hecho de que los había creado Isabel de la Parra de Madrazo, esposa de Roberto Madrazo.

Sólo porque lo construyeron Tere Calles de Granier y Andrés Granier Melo, al Centro Geriátrico de Tabasco lo dejaron pudrirse. Ese era un espacio nuevo, moderno y cómodo donde se atendía de manera integral a los adultos mayores y personas con capacidades especiales. Nunca lo rescataron.

La Casa del Árbol, residencia que sirvió de asilo a los ancianos en abandono, sufrió un desprecio infame; la Casa Hogar también la desaparecieron e incluso hay sendas denuncias porque estaban entregando a los extranjeros a los niños huérfanos, sin investigación acuciosa o trámite de por medio.

La vía corta tipo autopista La Isla-Paraíso, que fue un sueño de cuatro municipios: Paraíso, Comalcalco, Jalpa de Méndez y Cunducán, por el sólo hecho de que la construyó el ex gobernador Manuel Andrade, no le pusieron ni una carretilla de grava, una palada de tierra o una cubeta de pavimento.

Y si hablamos de los hospitales, los cuatro principales los dejaron en ruinas como nunca antes en la historia de Tabasco se había visto.

En su manual para desenmascarar a los hipócritas, el cardenal Julio Mazarino recomienda desconfiar en el político que promete fácilmente, "porque es un embustero o un bribón".

Así engañaron a los tabasqueños. A miles y miles les mataron el sueño y la esperanza.

Esta clase política en decadencia no creemos que jamás regrese a Tabasco, por la magnitud del daño causado.


"Los que saben mucho suelen carecer de juicio, porque una memoria atiborrada ahoga la inteligencia", sentenció el cardenal francés como una maldición de la que Tabasco no se salvó.



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