EL TABASQUEÑO

Si Pellicer volviera


Héctor Tapia

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Al poeta tabasqueño Carlos Pellicer Cámara, los dioses mayas debieron permitirle levantarse de la tumba cada 20 años, leer las noticias de su terruño, echarse un pozol y volver al sepulcro hasta la próxima salida. Pellicer murió en 1977, cuando José López Portillo, desprovisto de credibilidad (ganó la Presidencia anulándole 1 millón de votos al candidato del Partido Comunista), permitió que su secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles promoviera una reforma electoral, la cual marcó el fin del PRI como partido hegemónico e inició un lento proceso de transición democrática en el país; ese mismo año aparecía el periódico Unomásuno dirigido por Manuel Becerra Acosta, uno más de los periodistas obligados a renunciar del periódico Excélsior que dirigía Julio Scherer por la represión del gobierno de Echeverría, ocurrida un año anterior y que junto con La Jornada y la revista Proceso, se abrieron posteriormente paso con buen periodismo; Gustavo Díaz Ordaz era nombrado embajador de México en España; en Tabasco el gobernador Leandro Rovirosa Wade le daba oportunidad a Andrés Manuel López Obrador como delegado del Instituto Nacional Indigenista (INI). Si el dios Xibalbá lo hubiese permitido, Pellicer habría despertado por primera vez en 1997 sin saber que un hombre con bigote, hijo de Carlos A. Madrazo se había robado la gubernatura de Tabasco, tampoco intuiría que su joven ayudante en la campaña por el Senado, López Obrador, estaba ahora transformado en líder opositor, y que nos gobernaba un tecnócrata de apellido Zedillo tras el asesinato de Colosio. En 2017, en su segunda salida, Pellicer había encontrado que al PRI lo sustituyó el PRD en Tabasco, pero que le fue igual de mal; que aquel político que se robó la gubernatura ahora quería impulsar a su hijo para que hiciera lo mismo. Al muerto le sorprendió que México era ahora gobernado por un copetón del que todos se reían y que el país estaba envuelto en la corrupción; a su pupilo lo encontró ya crecido y quejándose porque le habían robado dos veces la Presidencia, y amenazando que si en la tercera no ganaba se iba a La Chingada. Para 2037, en su próxima salida, el poeta estará enterándose que Andrés Manuel sí ganó el gobierno, y puede que al revisar las noticias se sorprenda al enterarse que los políticos de Morena que acaban de llegar hoy al poder se convirtieron en derrochadores del presupuesto… O al contrario, que el juglar esboce una sonrisa al leer que El Peje gobernó con acierto y que logró limpiar a México de la corrupción, pero cualquiera que sea la noticia, nada será mejor para Pellicer que tomarse un pozol e ir recitando su poesía, como aquel verso que dice: "Tiempo soy, tiempo último y primero, / el tiempo que no muere y que no mata, / templado de cenit y de lucero."



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