EL TABASQUEÑO

La Quinta Grijalva, el derroche


Héctor Tapia

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La Quinta Grijalva no está ‘embrujada’, aunque no hay que olvidar que desde ahí, varios de los gobernantes que la habitaron han pegado sustos al pueblo de Tabasco con sus decisiones… y también a uno que otro funcionario público o político.

 

Tampoco nadie ha acusado que por sus paredes corran ‘malas vibras’, a como ocurrió con la residencia oficial de Los Pinos, a la que El Peje le ‘tuvo miedo’, e incluso ahora que es Presidente Constitucional no la ha querido ni visitar.

 

Pero lo que sí contraría, molesta e indigna, es la indiferencia ante el dispendio de los gobernadores que la vivieron. Algunos de ellos han tenido el descaro, incluso, de remodelarla, como si no gobernaran a un pueblo que está en crisis, sufriendo.

 

¿Cómo entender la falta de sensibilidad de Arturo Núñez ante el actual panorama económico que vive Tabasco? Qué honrado habría sido si hubiera decidido ponerle fin a ese ostentoso y hasta extravagante inmueble que, sépalo usted lector, le ha costado al bolsillo de los tabasqueños ¡176 millones de pesos! En este gobierno.

 

Desde el 2007, el estado arrastra una suerte de crisis —‘salación’, diría el tabasqueño—, primero con las grandes inundaciones en el gobierno de Granier, y ahora con el desempleo, la caída del petróleo y el indolente gobierno de Núñez para enfrentar los problemas.

 

El próximo gobernador, Adán Augusto López Hernández, tiene en sus manos la oportunidad de mostrar sensatez, austeridad, pero sobretodo, sensi-bi-li-dad con sus paisanos. Tiene que ser ahora, sin mirar atrás, de una vez por todas que decida separarse de ese pelotón de gobernadores que desde la época del garridismo se han comportado como auténticos virreyes.

 

Adán tendrá que seguir los pasos de AMLO, como ya lo han hecho su cuñado Rutilio Escandón Cadenas, en Chiapas, quien esta semana aclaró que “se dejarán de usar instrumentos caros como la Casa de Gobierno, la cual se convertirá en la Casa de las Bellas Artes de Chiapas”, y también los del gobernador Cuitláhuac García Jiménez, quien confirmó que vivirá en su domicilio particular y no hará uso de la Casa Veracruz, la cual “pondrá a disposición de los veracruzanos”.

 

Si el nuevo gobierno de Morena en Tabasco, que tanta ilusión ha despertado, necesita un acto simbólico, de gran impacto moral para iniciar su andadura, aquí está. El estado ya no debe darle vida faraónica a sus gobernantes, hoy, vivir en esa casa, lejos de generar respeto o sinónimo de poder, proyecta todo lo que la gente ya no quiere: parafernalia, lujo excesivo, derroche… 

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Ocultos, protegidos con largos alegatos de la Unidad de Transparencia de la Secretaría de Administración, yacen los números que evidencian el gasto que supone mantener una residencia oficial del tamaño de la Quinta Grijalva.

 

Si usted pregunta por facturas, por nóminas de traba- jadores, por pagos generales, la primera barrera que se encontrará es que el sujeto obligado que controla la información no se llama “Quinta Grijalva”, sino Unidad de Apoyo Ejecutivo, dependiente de Administración, de esta forma intentaron desalentar varias peticiones de información. Luego, buscarán cualquier rendija legal para alargar las respuestas hasta que el interesado se aburra.

 

Gracias a expertos, incansables en presentar recursos de revisión, tengo en mi poder (de forma fragmentada), reportes de gastos de la Quinta Grijalva del 2013 al 2017. Repasé varios días los recibos de energía eléctrica, de agua potable, teléfono, gas y un servicio satelital con el que cuenta la casa.

 

En números redondos, la residencia oficial del Ejecutivo en Tabasco nos cuesta a usted y a mí 30 millones de pesos al año en promedio, lo que hace un gasto sexenal de 176 millones de pesos, algo así como 83 mil pesos diarios, dinero que bien se pudo utilizar para comprar medicamentos, para materiales de curación o para la atención a niños enfermos con cáncer.

 

 

Mire usted, en la partida del Capítulo 1000, referente a servicios personales que incluye sueldos, bonos y salarios, el Gobierno de Tabasco reporta que trimestralmente pagó un promedio de 4 millones 848 mil 283 pesos a ¡160 trabajadores!, y si usted pregunta a qué se dedican tantos empleados, estas son algunas respuestas:

 

  • “Limpiar, arreglar, ordenar, acomodar, habitaciones o dormitorios asignados”.
  • “Distribuir y servir correcta y amablemente platillos y bebidas a comensales”.
  • “Sembrar, podar, regar y dar mantenimiento a las plantas”.
  • “Subir, bajar y mezclar botes y carretillas de cemento y/o arena”.

 

Y así, tres hojas completas con una lista de generalidades a las que la Subsecretaría de Recursos Humanos, llama ‘actividades realizadas cotidiana- mente en la residencia’ que únicamente habitan dos personas: el gobernador y su esposa.

 

 

 

En el Capítulo 2000, relacionado a materiales, insumos y artículos, la Secretaría de Administración dice gastar trimestralmente 1 millón 542 mil 465 pesos, mientras que el Capítulo 3000 de servicios generales, como son luz, agua, teléfono, gas, reporta pagos por 946 mil 217 pesos al trimestre.

 

Así tenemos que, en salarios la Quinta Grijalva eroga al año 7 millones 792 mil 255 pesos, y en todo el sexenio: 46 millones 753 mil 532 pesos; la luz: 1 millón 626 mil 522 pesos al año y un aproximado de 9 millones 759 mil 132 pesos en seis años. El servicio de agua potable es de 58 mil 395 pesos al año, 350 mil 372 pesos en toda la presente administración.

 

Ah, pero además, reportan viáticos por 152 mil pesos al año, lo que hace un total de 912 mil pesos en los últimos seis años de este gobierno.

 

Imagínese usted, 176 millones de pesos en seis años, para el funcionamiento de una casa, una propiedad que por cierto la Dirección General de Administración del Patrimonio del Estado, en su reporte Analítico de Bienes Inmuebles tiene valuada en 178 millones 969 mil 087 pesos con 75 centavos, mas un predio aledaño con un valor de 1 millón 330 mil pesos. ¡O sea que cuesta más mantener la Quinta Grijalva que su valor catastral!

 

¿A Adán le cruzará por la cabeza seguir usando como residencia oficial esta propiedad, que más bien parece un aeropuerto lleno de aviadores?

 

Yo nada más pregunto.

 

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La residencia cumplió en octubre pasado 123 años de existencia. Según el libro “Quinta Grijalva Cien años de historia”, editado en 1998 por el gobierno de Roberto Madrazo, el terreno donde se construyó la propiedad fue adquirido en 1895 por don Feliciano de la Torre. El predio era conocido como “El Cerro de Guadalupe” (una de las zonas más altas de Villahermosa) y pertenecía al desaparecido barrio de Esquipulas.

 

A lo largo de su historia, tuvo diez dueños y tres nombres, entre los propietarios más reconocidos están Doña Fidencia Fernández Veraud, una tabasqueña muy respetada de principios del siglo pasado que la vivió 14 años y que terminó vendiéndosela en 1931 a otra mujer: Dolores Llovera, esposa de Tomás Garrido Canabal.

 

En aquellos años, la finca era conocida como la quinta ‘El Cerro’, y Garrido Canabal la utilizó de forma muy interesante, instalando en los terrenos un centro de actividades vinculadas al desarrollo social y educacional. Ahí, la gente aprendía de agricultura y ganadería, en sus tierras habían hortalizas y una estación avícola, así como una fábrica de quesos y dulces.

 

La historia registra uno de los momentos significativos de la posesión ocurrido en marzo de 1934, cuando el general Lázaro Cárdenas, entonces candidato presidencial, acompañado del general Plutarco Elías Calles acuden a una comida en la casa del cerro, invitados por Tomás Garrido. En aquel año, el general Cárdenas estuvo toda una semana en Tabasco y recorrió los 17 municipios del estado en busca del voto.

 

Ese mismo año, Garrido decide cambiarse a vivir a la propiedad, tiempo después es invitado a incorporarse al gabinete de Lázaro Cárdenas como secretario de Agricultura; más tarde cae en desgracia política, es exiliado a Costa Rica y la propiedad queda en uso de amigos de él hasta su muerte.

 

Otro momento histórico ocurrió en 1946 cuando Francisco J. Santamaría adquiere la casa y en honor su esposa, doña Isabel Calzada, la nombra Quinta Isabel, allí vivió por muchos años el escritor mientras gobernó Tabasco, al término de su paso por el estado se fue a residir a Veracruz, hasta donde Manuel Bartlett Bautista llegó a buscarlo para pedirle que le vendiera la quinta al Gobierno de Tabasco, para poder habitarla como nuevo gobernante del estado.

 

Es así que Bartlett Bautista compra en 1953 para el Estado la propiedad en 250 mil pesos, para ello emite el decreto 187, que por cierto fue firmado por los diputados Pedro César Ocampo, como Presidente del Congreso y Jesús Sibilla Zurita, como secretario.

En octubre de ese año, el Poder Ejecutivo publica en el diario oficial la imposición de un nuevo nombre, el cual perdura hasta nuestros días: Quinta Grijalva, en honor a Juan de Grijalva y también para marcar el momento histórico del país, el Presidente Ruiz Cortines iniciaba la construcción de las grandes obras de la cuenca del Grijalva que permitieron crear las presas y regular el caudal de agua que de esa zona baja.

 

Es ahí cuando inicia su historia como casa de gobernantes. Durante los últimos 65 años han pasado por la Quinta Grijalva 15 gobernadores: Bartlett (1953-1955); Orrico (1956-1958); Madrazo (1959- 1964); Mora (1965-1970); Trujillo (1971-1976); Rovirosa (1977-1982); Pedrero (1982-1987); Peralta (1988); Neme (1989-1991); Gurría (1992-1994); Madrazo (1995-2000); Priego (2001); Andrade (2002-2006); Granier (2007-2012) y Núñez (2013-2018).

 

Con todos ellos debería darse por cerrada una época. El período del derroche, del caciquismo, de la opacidad, de la pompa, del fausto, de la petulancia del poder, para abrir una nueva, alejada de la simulación, de la parafernalia y dar paso a la cuarta transformación, esa que tiene como principales banderas la austeridad y el fin de la corrupción. Es tiempo.

 


 

UN ADAGIO: “El comienzo es la parte más importante de la obra”. / PLATÓN

 

 



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