PLUMA DE GRUPO CANTÓN

Barditas mexicanas


Porfirio Muñoz Ledo

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Los sucesos ocurridos en la frontera sur de México y aquellos tan vergonzosos que se desarrollan en Tijuana, han generado inmensas confusiones respecto de la naturaleza de esos fenómenos y sus implicaciones jurídicas. Una cosa es la migración, otra el refugio y una distinta el asilo político. Denominar sólo como migrantes a quienes buscan el cobijo de nuestro país y enseguida el ingreso a los Estados Unidos por razones humanitarias es un error. Estas personas son en rigor refugiadas. Serían asilados si nuestro país les otorgara protección por razones políticas; los casos paradigmáticos de personalidades provenientes de la Guerra Civil Española o de la implantación de la dictadura en Chile.

La migración está definida como el fenómeno por el que "algunas personas dejan su lugar de residencia para establecerse en otro país o región". Ésta ha ocurrido desde los orígenes de la humanidad: fue la causa del poblamiento mundial y la cuna de las nacionalidades. Mientras que en el pasado se facilitaban estos éxodos hacia comarcas poco habitadas -a pesar de los conflictos étnicos o religiosos que pudieran producirse-, hoy se ha declarado la hostilidad e incluso la persecución principalmente contra quienes provienen del sur o de países menos desarrollados. Esta actitud es contradictoria con la globalización que conlleva la movilidad de todos los factores económicos, incluyendo la mano de obra. Lo paradójico de este proceso es que se desplazan bienes, servicios y capitales, al tiempo que se combate el libre tránsito de los seres humanos.

El derecho a migrar está consagrado en documentos esenciales de Naciones Unidas, comenzando por el Pacto de Derechos Económicos y Sociales, el cual estipula que "toda persona tendrá el derecho de salir libremente de cualquier país, incluso del propio". Correlativamente prescribe que "deben crearse las condiciones económicas para que las personas puedan permanecer en sus países". En suma, los instrumentos internacionales consagran tanto el derecho a migrar como el derecho a no migrar.



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