Altavoz

La tristeza de Tabasco


Fabiola Xicoténcatl

El uno de enero del 2019, cuando Adán Augusto López tome formalmente posesión como Gobernadorse encontrará con un Tabasco en ruinas donde campea la inseguridad; la falta de empleo; con servicios de salud colapsados donde a diario mueren niños y enfermos terminales que no encuentran medicamentos ni alivio inmediato en los hospitales que hasta hace dos décadas presumían ser de Alta Especialidad, y hoy nos demuestran que son de calidad ínfima; la infraestructura derruida, desvencijada y hecha pedazos, y las finanzas quebradas con plantones y cierre de calles son el pan de cada día.

Se nos fue el edén de las manos. Todos los días nos amanecemos con una espeluznante cifra de ejecutados, suman mil 559 muertos del 2013- 2018, múltiples atropellados, decenas y decenas de casas y comercios asaltados, cientos de transeúntes despojados de sus pertenencias, y mujeres y niños abusados sexualmente.

En Tabasco, donde el verde se te mete en las pupilas y en las neuronas del cerebro ya no hay felicidad. La tristeza se ha apoderado de las familias. Los tabasqueños ya no viven, sobreviven. Muchos han perdido a sus esposos, padres, hijos, sobrinos, nietos, vecinos en algún asalto, navajeado por algún delincuente que busca robarle su automóvil, arrebatarle su cartera o teléfono celular; algunos más han perdido un familiar en algún percance automovilístico ante la anarquía que prevalece en las carreteras, donde ni por error te encuentras a un agente de Tránsito o Policía.

No hay sector oficial de los tres niveles de gobierno: federal, estatal y municipal, donde no esté tocado por la corrupción. Los sectores están cundidos hasta el tuétano de este letal virus. No hay área gubernamental que se haya distinguido por su eficacia, probidad y honradez.

La infraestructura urbana y rural está desvencijada, hecha pedazos, oxidada, si no, voltee a ver cómo están los semáforos en las calles, las bibliotecas, la nomenclatura, los edificios de las Juntas Locales de Conciliación y Arbitraje, los Ayuntamientos, las agencias del Ministerio Público, las salas de espera, quirófanos y cuartos de los hospitales.

Ésto es lo que le están dejando a Adán Augusto: ruinas, inseguridad, ineficacia, corrupción, crisis hospitalaria, temor y una tristeza infinita del pueblo que ve en él la última esperanza. Ojalá y les ayude a que recuperen la felicidad que les arrebataron.