VECTOR X

Ni los veo, ni los oigo


Luis Antonio Vidal

A Carlos Salinas de Gortari se le escuchó una de las frases mejor logradas de la política autoritaria en la época del priismo hegemónico: ni los veo, ni los oigo.

Se refería a los perredistas, por aquel entonces feroces defensores de la lucha antisistema. El ejemplo cundió. La indolencia como forma de gobierno se ha generalizado en los últimos meses del gobierno tabasqueño. Los funcionarios ni ven ni oyen los reclamos de servidores públicos alzando la voz, exigiendo el pago de salarios o prestaciones.

Hace días, frente a la Secretaría de Educación se instaló un plantón para exigir al titular, Ángel Solís, el pago de la nivelación salarial. El funcionario se esconde mientras los manifestantes bloquean la avenida Gregorio Méndez y Paseo Usumacinta.

Ni Solís ni el secretario de Finanzas, Amet Ramos, resuelven el asunto. Les vale un cacahuate que miles de villahermosinos sufran a diario. Nada les importa. Ayer, los diputados Gerald Washington Herrera y Carlos Mario Ramos vieron pisoteadas sus charolas de representantes populares cuando en la Secretaría de Finanzas les dieron un portazo en la nariz y los dejaron sentados en el piso esperando una respuesta del intocable Amet.

No hay autoridad. Nadie da la cara ante el incumplimiento de las obligaciones patronales del gobierno. Convertida en un caos, la ciudad sufre las consecuencias de un gobierno fallido. Ningún funcionario ve ni oye a los manifestantes. "Aunque brinquen no les vamos a pagar" han de decir. Triste historia de impotencia, incapacidad y agravios. Para eso querían el poder.

LA MORRALLA

Que Pedro Jiménez anda buscando acomodarse en el gobierno de Puebla donde mandará la esposa de su amigo Rafael Moreno Valle *** Reconciliación no es impunidad ha dicho el gobernador electo Adán Augusto quien tiene en la mira a varios pillines *** El secretario de Salud, Rommel Cerna, deberá limpiar su escritorio con especial esmero. Son muchas las irregularidades cometidas en esa dependencia y no se habla sólo de desvío de recursos sino de tráfico de influencias.



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