ANALISTA

La cultura de la no cultura


Óscar Gómez Cruz

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La semana pasada, el diputado federal Sergio Mayer causó que las redes sociales se llenaran de memes y de indignación.
 
El nuevo presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, subió un tuit con 3 faltas de ortografía en tan sólo 25 palabras.
 
Más allá de los muchos comentarios ofensivos e insultantes que recibió, aludiendo a su pasado en el mundo artístico, lo realmente importante es preguntarnos de una vez por todas: ¿qué clase de líderes y gobernantes queremos?
 
En la democracia no ganan necesariamente los mejores, sino los más populares. Este defecto del “menos peor” de los sistemas de gobierno, hace que Sergio Mayer sea diputado por encima de muchos, muchos mexicanos más calificados.
 
Sacar adelante las necesidades de un país requiere del esfuerzo de todos sus ciudadanos, guiados en el marco de las leyes, por los hombres y mujeres mejor preparados. El juego sucio de poder inherente a la política, hace que muchos de esos mejores hombres y mujeres sean expulsados, grillados y vetados por representar una amenaza al status quo. Entre más se piensa y se cuestiona, se es más peligroso.
 
O simplemente ellos mismos se van, porque gracias a su talento y preparación tienen opciones fuera del gobierno y la burocracia, quedándose en muchos casos ya no digamos los mejores o los buenos, sino sólo aquellos que están dispuestos a aguantar lo que toque, o a decir en todo caso y bajo cualquier situación: sí señor, sí señora.
 
Los y las “sí señor(a)” son los especímenes más nocivos para el desarrollo que buscamos, porque son chambistas sin preparación, que viven de la grilla y de la oportunidad del momento. No aportan nada y quitan un espacio a quienes sí podrían hacerlo.
 
Tener a Mayer en la Comisión de Cultura nos representa dignamente. Somos un país diverso, con un sistema político descompuesto, en donde no triunfan los mejores, sino los que hacen lo que toca.

 



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