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Aprendices en el Congreso


Luis Antonio Vidal

Quizá la mayoría de los diputados locales por Morena entendió equivocadamente el compromiso de AMLO de becar a jóvenes aprendices y por ello eligió esa mayoría a Beatriz Milland como su coordinadora de fracción.

En consecuencia, a partir de septiembre es la presidenta de la Cámara de Diputados y paga su novatez.

El pasado viernes, por ejemplo, personal sindicalizado retuvo en la sede legislativa a varios funcionarios y diputados. Bravos, los manifestantes demandaban el pago de compensaciones. Sin acuerdos firmes, la madrugada del sábado se liberó a los encerrados.

Ni la presidenta ni su directora de finanzas, Katia de la Fuente, están curtidas en eso de la administración pública. Menos saben hacer política. Su autoridad quedó rebasada por un asunto que les explotó en los rostros.

No todos los trabajadores merecen incentivos, es verdad, pero el problema, además del fondo financiero, es la forma de dirigir la legislatura y aplicar nuevas medidas.

Poco tacto se ha tenido para cortar las compensaciones con el endeble argumento de "no están presupuestadas". Enjarrada, De la Fuente ya había ordenado despedir personal y rebajar la mitad del salario a quienes se quedaron. Así de filoso y soberbio el machetazo de la funcionaria, cuya indiferencia convierte el estandarte de la reconciliación en mero discurso de campaña.

Que alguien de la emergente clase gobernante toque la puerta de la sensatez y relea pensamientos de Jesús Reyes Heroles, como éste: "Sólo un principiante puede pensar que la reforma política se realiza con el puro ascenso de los jóvenes. Sólo un novato puede pensar en los cambios bruscos de generaciones. Se trata del entreveramiento de las generaciones, la transmisión de conocimientos y experiencias, la conjugación de ímpetus juveniles con la sabia prudencia. Hay juventud con años y vejez antes de tiempo. Para ser joven o viejo lo que menos cuenta es la edad".

Ni la formación ni el oficio político se obtienen por dedazo y ante tanto dislate el fantasma de la tenebrosa curva de aprendizaje deambula los pasillos del viejo edificio del Congreso.



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