CASCARA AMARGA

La Alhóndiga


Laureano Naranjo Cobian

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La Alhóndiga de Granaditas fue construida siendo intendente de Guanajuato Don Juan Antonio Riaño. Ahora trasladémonos al mes de enero de 1810 (faltan 8 meses para el grito de Dolores). En la casa de la familia Septién asisten como invitados del Intendente, Don Miguel Hidalgo y Don Manuel Abad Yqueipo.
 
Los tres eran buenos amigos y departieron en esa ocasión alegremente. Era día de fiesta. “Sentados en un sofá conversaban amigablemente el cura de Dolores, Don Miguel Hidalgo, el propio intendente Riaño, y el futuro Obispo de Michoacán, Abad Yqueipo”. Jamás imaginaron que algunos meses después serían enemigos irreconciliables.
 
Recordamos que después del célebre grito del 16 de septiembre de ese año, Don Miguel avanzó hacia la antigua ciudad de Guanajuato (en Atotonilco tomó la imagen de la Virgen de Guadalupe), de la cual decía el historiador Lucas Alamán que parecía un papel arrugado.
 
Antes de llegar a la ciudad donde gobernaba su amigo Riaño, Don Miguel le envió una larga carta donde lo conminaba a rendirse. El orgulloso intendente se negó rotundamente, y decidió esperar a las huestes de Hidalgo que ya sumaban miles, refugiado en la Alhóndiga de Granaditas. Las más ricas familias de la ciudad, los archivos y los caudales del gobierno también fueron llevados ahí. Al principio no pudieron tomar la llamada fortaleza los soldados Insurgentes, pero gracias al Pípila cuyo nombre todos recordamos, Juan José de los Reyes Martínez Amaro, un humilde minero que se colocó una loza en su espalda y avanzó decidido hacia la puerta principal de la Alhóndiga con una tea en la mano y le prendió fuego a la puerta, lo demás ya lo sabemos: fue una horripilante e impresionante carnicería, cerca de mil muertos en esa matanza de la Alhóndiga. Continuará...


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