CARA A CARA

Laguardia, gran anfitrión


Raquel Bigorra

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Qué familia tan bella la de Ernesto Laguardia. Paty, su esposa, es lo máximo. Nos invitaron a su casa en Valle de Bravo y entrando por la puerta mi hija hizo un berrinche de aquellos. Pasamos al cuarto de Barbarita, la hija mayor de ellos, y La Rafaella por no quererse cambiar de ropa, se me puso súper punky. Paty, después de criar a los chamacos y como bien me dijo: “A los 23 años ya tenía a los 3”, es toda una experta. Agarró a mi hija y en dos segundos me la cambió de ropa y hasta le puso una camiseta de Santiago, el más cariñoso de la familia.

 

POLLO EN SALSA VERDE

Nos recibieron con tamales dulces, típicos de Valle, y unos de pollo en salsa verde que preparó la suegra de Ernesto. Merengues, fruta, gelatinas… en la mesa no cabía tanta comida. Sacaron unos atolitos de guayaba calentitos que yo me tomé como 4 tazas. Estaba todo delicioso.

Una vez que cargamos pilas nos fuimos monte adentro. Ernesto agarró la moto y se aventuró a cruzar un par de ríos, mientras Paty, los niños y yo, íbamos disfrutando del paisaje en un carrito 4x4 de lo más original.

La Rafaella estuvo muy apapachada por Barbarita, la hija mayor, quien la invitó a jugar en su casita de muñecas. Emiliano el más chico, le sacó unos juegos de mesa para entretenerla y Santi, mi favorito, no dejó de darle besos y tratar de contentarla cada vez que a mi hijita se le metía el chamuco.

No llores, mi amor. ¿Tú me quieres? “, le decía muy cariñoso el chiquitín de 8 años. Por suerte mi marido no presenció ninguna escena de esas, si no, le da el ataque.

Los chavos estuvieron beso y abrazo toda la tarde. Barbarita le dio la mano a Rafaella y le enseñó el bosque y a cruzar los charcos, en lo que los hermanos se subían río arriba, saltando las piedras. Mi hija se sentía soñada con sus botitas de goma, gozando la naturaleza.

 

SE GANA EL CORAZÓN DE TODOS

Llovió un poco y la esposa de Ernesto y todos los miembros de la familia Laguardia Rodríguez, ni se enteraron. En cambio, mi marido y yo regresamos con una gripa que todavía no salimos. Y eso que lo que nos cayeron fueron 3 horas de agua. “Ya estamos mayores”, le tuve que confesar a Paty una vez que me dijo que se le hacía muy raro que tuviéramos tos, si ni nos habíamos mojado.

¡A gozar, que el mundo se va a acabar! La próxima nos vamos bien tapaditos. Ernesto esa tarde se regresó a México pues tenía llamado en Las malcriadas. Por cierto, no se pierda el gran estreno el próximo 18 de septiembre a las 9:30pm por Azteca 13. Interpreta a un arquitecto, que se me hace vamos a terminar odiando por el personaje, y a la vez queriendo. Es que Ernesto se gana el corazón de todos, en la vida real y también en las historias. Es, además, un gran anfitrión y amigo. Así de lindo, como les cuento, la pasamos en familia. Además, ya sé a quién pedirle ayuda cuando La Rafaella no me obedezca. Ya vi que las tácticas de Paty, la esposa de Ernesto, son poderosas. Nos leemos el próximo viernes en El manual de la buena esposa.

 

¡UP’S SE ME SALIÓ!

Nos fuimos al Autódromo Hermanos Rodríguez este domingo, a disfrutar de 6 horas de México, las carreras. Ahí me encontré con Aída Cuevas, quien por cierto, nos puso la piel chinita al entonar el Himno Nacional. A capella y sin cambiarle la letra. Ya ve que por los nervios muchos cantantes la han regado.

Nos subieron a un carrito de golf para acercarnos al palco, y en el trayecto, que se acuerda de su compadre Juan Gabriel. “Así andaba mi compadrito paseando en sus 6 hectáreas del rancho”, me dijo. “Sí lo disfrutó, pobrecito. Le encantaba treparnos en el carrito de golf”, aseguró.

Ya pasó un año de la muerte del Divo pero les puedo asegurar que la máxima exponente de la canción ranchera de México, lo sigue extrañando. Se supone que no debería contarles las anécdotas de Alberto, que nos contó Aída Cuevas, pero ¡up’s se me salió!



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