CAMINANDO POR LA HEROICA

José Eduardo de Cárdenas, un Ilustre en la Memoria


Ezequiel Luna Arias

Este sábado 23 de enero, se conmemoró el 195 aniversario de la muerte de uno de los hombres ilustres más queridos y por qué no decirlo, más polémicos, por su vida y obra; se trata de José Eduardo de Cárdenas y Romero oriundo de Cunduacán que fue presbítero, político, poeta y un mecenas en la fundación de lo que entonces se llamó San Antonio Río Seco, hoy H. Cárdenas, Tabasco, nombrado así en su honor y no como algunos piensan que es por Lázaro Cárdenas del Río. José Eduardo de Cárdenas nació el 13 de octubre de 1765, en Cunduacán, hijo de don Roberto Cárdenas y Breño y de doña Francisca Romero, pero en poder de sus padres adoptivos, el gobernador don Juan de Amestoy y la Sra. Francisca Cárdenas, es cuando lleva a cabo sus estudios primarios. Desde muy pequeño ya dejaba entrever su inquietud por el aprendizaje. Muy joven se fue estudiar a Mérida, Yucatán, al Seminario Tridentino. De ahí tiene una carrera meteórica, hasta llegar a ser Catedrático y Vicerrector del Colegio San Juan de Letrán, en la capital novohispana. En 1790 gana el concurso de Elocuencia y Poesía, organizado por la Real y Pontificia Universidad. En 1794 es ordenado sacerdote; y en 1797 retornó a Cunduacán como Teniente Vicario. Fue en 1805 cuando obtuvo el grado de Doctor en Teología. Luego en 1806 fue designado cura de Cunduacán y Juez Eclesiástico para la Provincia tabasqueña. En 1811, Tabasco lo envió como diputado a las Cortes de Cádiz, España. Destacó como tribuno al presentar la triste y desastrosa situación que vivía la provincia, en la célebre Memoria que marcó un hito. El documento planteaba que la corona española debería disminuir la opresión a los súbditos que cada día se sublevaban bajo el mando de Miguel Hidalgo y otros insurgentes. En el curato de Cunduacán fallece el 23 de enero de 1821 y por su contribución hecha en 1797 donde donó 11 caballerías para el ensanchamiento del área donde se levantaba el pueblo de San Antonio de los Naranjos, los habitantes comenzaron a llamarle San Antonio de Cárdenas. Se deduce que esas tierras eran del rancho “Los Naranjos”, propiedad de sus padres adoptivos. Hombre letrado fue José Eduardo; seguro de sus ideales, no le causó daño ser señalado como un reformista y no un insurgente que luchara por la independencia de México. Sin embargo, la historia lo ha reinvindicado al reconocer que vivió de acuerdo a sus circunstancias; lejos de donde se gestaba el movimiento independentista, en el Tabasco olvidado.