CAMINANDO POR LA HEROICA

José Eduardo de Cárdenas, un Ilustre en la Memoria


Ezequiel Luna Arias

Lecturas: 1824

Este sábado 23 de enero, se conmemoró el 195 aniversario de la muerte de uno de los hombres ilustres más queridos y por qué no decirlo, más polémicos, por su vida y obra; se trata de José Eduardo de Cárdenas y Romero oriundo de Cunduacán que fue presbítero, político, poeta y un mecenas en la fundación de lo que entonces se llamó San Antonio Río Seco, hoy H. Cárdenas, Tabasco, nombrado así en su honor y no como algunos piensan que es por Lázaro Cárdenas del Río. José Eduardo de Cárdenas nació el 13 de octubre de 1765, en Cunduacán, hijo de don Roberto Cárdenas y Breño y de doña Francisca Romero, pero en poder de sus padres adoptivos, el gobernador don Juan de Amestoy y la Sra. Francisca Cárdenas, es cuando lleva a cabo sus estudios primarios. Desde muy pequeño ya dejaba entrever su inquietud por el aprendizaje. Muy joven se fue estudiar a Mérida, Yucatán, al Seminario Tridentino. De ahí tiene una carrera meteórica, hasta llegar a ser Catedrático y Vicerrector del Colegio San Juan de Letrán, en la capital novohispana. En 1790 gana el concurso de Elocuencia y Poesía, organizado por la Real y Pontificia Universidad. En 1794 es ordenado sacerdote; y en 1797 retornó a Cunduacán como Teniente Vicario. Fue en 1805 cuando obtuvo el grado de Doctor en Teología. Luego en 1806 fue designado cura de Cunduacán y Juez Eclesiástico para la Provincia tabasqueña. En 1811, Tabasco lo envió como diputado a las Cortes de Cádiz, España. Destacó como tribuno al presentar la triste y desastrosa situación que vivía la provincia, en la célebre Memoria que marcó un hito. El documento planteaba que la corona española debería disminuir la opresión a los súbditos que cada día se sublevaban bajo el mando de Miguel Hidalgo y otros insurgentes. En el curato de Cunduacán fallece el 23 de enero de 1821 y por su contribución hecha en 1797 donde donó 11 caballerías para el ensanchamiento del área donde se levantaba el pueblo de San Antonio de los Naranjos, los habitantes comenzaron a llamarle San Antonio de Cárdenas. Se deduce que esas tierras eran del rancho “Los Naranjos”, propiedad de sus padres adoptivos. Hombre letrado fue José Eduardo; seguro de sus ideales, no le causó daño ser señalado como un reformista y no un insurgente que luchara por la independencia de México. Sin embargo, la historia lo ha reinvindicado al reconocer que vivió de acuerdo a sus circunstancias; lejos de donde se gestaba el movimiento independentista, en el Tabasco olvidado.


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