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MARCELINO GAMAS AGUILAR

‘Vivo en el campo y fui a una tienda; después me enfermé’

Los traumas de la enfermedad y psicológicos te trauman; y como jefe de familia ver qué no puedes hacer nada, es muy duro, relata.

Don Marcelino Gamas Agui­lar es un hombre que vive de los cultivos del campo como el maíz y frijol, en el municipio de Cárdenas, toda su actividad económica la desarrolla en el trabajo de sus parcelas.

Desde el inicio de la pandemia en el mes de marzo, escuchaba que muchas personas enferma­ban o fallecían, pero jamás pensó que le llegaría hasta su casa en el campo donde vive, siempre se sentía confiado en la vida tran­quila que lleva en el lugar donde tiene su residencia.

Relata que pese a que siempre con su familia estaban atentos a lo que sucedía en el país y el es­tado con respecto de los casos de contagios de coronavirus, no imaginaban que le iban a alcan­zar en el campo.

 

SE PREPARABAN

Siempre comentaban que si algo les pasaba, iban a comenzar a probar con los remedios caseros que tanto recetaban otras perso­nas en redes sociales, que decía haber superado la enfermedad.

Sin embargo, pese a esos co­mentarios en la familia, se sen­tían muy confiados que el virus jamás les iba a alcanzar, porque desde allá tenían la mínima rela­ción con otras personas, a tal gra­do que dejaron tanto de recibir como de realizar visitas a casas ajenas.

Un día salió de compras a una tienda de autoservicio. Le tocó esperar por varias horas, cuando regresó a casa las cosas estaban normal.

Pero cinco días después em­pezó con los dolores de cabeza, dificultad para respirar, al igual que su esposa e hijas.

 

¿Qué se siente ser un paciente covid?

Ser un paciente covid, sabiendo los estragos y muertes que está ocasionando en el mundo entero y en muchas vidas, al principio se pregunta uno por qué le ocurre esto a nuestras familias.

Se siente uno confundido sin poder hacer nada, sabiendo que al ir a un doctor no te puede atender y en las clí­nicas particulares no te re­ciben.

Al ir al hospital del go­bierno están saturados y con más infectados.

Los traumas de la en­fermedad y psicológicos te trauman; y como jefe de familia ver que no puedes hacer nada por tu esposa e hijas, es una crisis muy dura.

 

¿Dónde te contagiaste?

No supe dónde me contagié. Somos de campo y vivimos en los quehaceres del campo. Sólo que tuve que ir a una tienda de autoservicio, quizás ahí fue, por las largas filas de las per­sonas que también iban por el servicio de compras.

 

¿Te hospitalizaron?

Después de visitar varios mé­dicos y no querernos atender, y no ir a la clínica de mi seguro por miedo, nos fuimos muy mal a ver a un doctor amigo y él nos llevó a una clínica particular y nos in­ternaron varios días con medica­mentos.

 

¿Cómo fue la atención de los médicos?

La atención del doctor particular fue muy bien. Nos atendió con los recursos que tenía su peque­ña clínica. La verdad no sabía si existía esa clínica en mi ciudad.

 

¿Cómo lograste vencer el vi­rus?

A pesar de todo lo que su­frimos con todos los síntomas, ahora estamos en recupera­ción. Nos sentimos débiles para hacer cualquier cosa.

Al inicio tomamos todos los tés que nos decían, los medi­camentos que nos indicaban como la Azitromicina, la Iver­mectina, Ibuprofeno, Amoxi­cilina con ácido clavulánico, y mucho suero.

No me bañaba en días, tam­poco tomaba nada frío. Las complicaciones se dan porque uno no va rápido al doctor con­fiándose que es un dengue.

Lo que hice al principio fue poner toda la vida y salud de mi familia en las manos de Dios y que obrará su voluntad en no­sotros. Esa fue la esperanza que mantuve en mi corazón que, aún tirado en el piso, Dios me levantaría con un propósito. Por todo obra para bien y para algo.

 

¿Qué mensaje le darías a las personas para que hagan con­ciencia del virus?

Les diría a todos los que aún no creen y no se cuidan, que es nues­tra responsabilidad la salud de nuestra familia y también de to­dos los demás. Si algo les pasa, es parte de nuestra culpa.

Estamos viendo la cantidad de amigos que mueren y fami­liares, pero las personas siguen en la calle, jugando en los cam­pos de futbol, ingieren bebidas alcohólicas.

Deberíamos buscar a Dios de todo corazón, porque con él todo lo podemos lograr.