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Director Miguel Cantón Zetina
Anette López muestra los daños en su piel por estar dentro del traje térmico para tratar a pacientes con Covid-19 en el IMSS (Foto: Especial)

‘Vivimos un martirio dentro del traje térmico’: Enfermera

“Una vez dentro del traje te deshidra­tas y de­beríamos consumir lí­quidos, pe­ro como no podemos ir al ba­ño, nuestro método es suspender la necesi­dad fisioló­gica en la medida de lo posible”.

Anette López tiene 29 años de edad, cinco ejerciendo como pro­fesional de la enfermería; presta sus servicios en el Hospital de Zona 46 del Instituto Mexicano del Seguro Social ( IMSS) de la ciudad de Villahermosa.

Es una de la tres mil 600 per­sonas del Sector Salud de Tabas­co que enfermó de Covid- 19.

Aún así combate de frente al mortífero SARS CoV-2 cinco días a la semana; ha sufrido agresio­nes por su profesión, pero nunca ha pensado en tirar la toalla.

También ha derramado lá­grimas de tristeza cuando ve a un paciente grave, también ha llorado de felicidad cuando una persona libra la batalla; pero también de coraje cuando se en­tera que un abuelo enfermó por un descuido familiar.

En entrevista con Grupo Cantón, Anette narra el sufri­miento de ocho horas dentro del traje térmico que se usa en el hospital para evitar la propaga­ción del virus.

 

—¿Cómo cambio tu vida labo­ral y personal la pandemia?

A todos nos cambió la vida emo­cional y físicamente.

Fui una de las primeras en caer con esta enfermedad, pues no sabíamos de la magnitud de la protección que debíamos usar; lo habíamos escuchado, pero no lo habíamos vivido y necesitas una protección extrema para que no te contagies, porque el virus es muy chiqutito.

Aunque si he visto a compa­ñeros que les ha tocado muy fuerte.

 

—¿Cómo es tu día dentro del traje térmico de protección ?

Pues conforme han pasado los días hemos ido modificado nues­tra forma de consumir líquidos, de desayunar, porque una vez que te pones el traje ya no puedes salir de el.

Esto significa que si quieres desayunar tienes que hacerlo a las 5 de la mañana , para que a las 7 de la mañana que ya te pon­gas el traje , ya hayas ido al baño y además te obligas a hacer pipí hasta el último momento.

Es complicado porque una vez dentro del traje, te deshidra­tas y deberíamos consumir líqui­dos, pero como no podemos ir al baño, nuestro método es suspen­der la necesidad fisiológica en la medida de lo posible.

 

—¿Cuáles son las horas más difíciles del día, dentro del tra­je térmico ?

Todo es una cadena, el hecho de desayunar muy temprano provoca que a las 11:00 o 12:00 horas del día, sientas un hueco en el estómago, más bien dolor en el estómago.

Pero eso no es lo peor, des­pués de un rato se te olvida el do­lor de estómago y pasas al dolor de vejiga por las ganas de orinas o hacer pipí, y sería tan fácil ir al baño, pero no puedes por dos ra­zones fundamentales: porque el equipo de protección es desecha­do y no estamos para desperdi­ciar y la otra razón es porque el hacerlo significaría que nuestros pacientes se queden solos.

Entonces aquí entra el apo­yo del Todopoderoso (Dios) pa­ra tener la fuerza mental, la fe y la esperanza que la agonía propia terminará en unas horas.

Cuando dan las 14:00 horas, a esas alturas del día se une el ham­bre, el dolor de vejiga, la cefala in­tensa por falta de oxígeno, sin embargo a esa hora van llegando los relevos.

 

—¿Una vez que llagan los relevos , que haces?

La rutina del retiro del tra­je, aunque quisiéramos hacerla a prisa no se puede, requiere de toda nuestra concentración para no contaminarnos.

A estas alturas quizá ya hace­mos el cambio y colocación del traje con más agilida; antes tar­dábamos hasta 20 minutos.

Antes de probar agua tene­mos que bañarnos bien, pero créeme, que con el simple hecho de respirar y hacer pipí se siente el cielo.

A las 15:00 horas, después de haber cumplido con todos los protocolos de sanitización y des­pués de bañarte estás listo para volver a casa.

 

—¿Haz sufrido alguna agresión?

Estoy muy molesta por las forma en que hemos sentido agredidas. El otro día fui a un su­permercaso e iba con mi unifor­me, y una señora me vio y dijo: ¿Le van a vender?

Quiero decirle que nuestros uniformes son los más limpios y los más higiénicos.