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JULIO CÉSAR FLORES.

Tabasco

“Viví el Covid-19 como en un sueño”

“Me intubaron porque estaba muy grave, tenía una oxigenación del 60 por ciento; desperté a los 10 días y dicen los médico que me puse agresivo”.

VILLAHERMOSA.- Lo último que recuerda Julio César Flores es ha­ber visto a un médico del Instituto Nacional de Enfermedades Respi­ratorias (INER) ‘Ismael Cosío Vi­llegas’, que llevaba unos tubos por­que lo iban a intubar.

La anestesia ya estaba haciendo efecto; por más que se resistía dor­mir por el miedo a no levantarse de la enfermedad del Coronavirus, la sustancia hizo que durmiera. Fue­ron 22 días que permaneció intuba­do hasta que pudo vencer el Coro­navirus con la ayuda de los médicos.

En su casa, en el municipio Cuauhtémoc de la Ciudad de Méxi­co, su esposa e hijo se enfermaron y, su amigo, a quien esperaba saludar cuando saliera del hospital, murió por la misma enfermedad.

A continuación, nos comparte su historia.

 

¿Qué se siente ser un paciente Covid?

Empecé con un cosquilleo en la gar­ganta. Supe que tenía el virus hasta que estaba demasiado enfermo.

Casi no podía respirar. No me hice la prueba, pues pensé que era una gripa, una infección fuerte.

Sentí desesperación y un mie­do terrible. Pero el miedo era más de pensar que podría ir al hospital porque la enfermedad poco a poco avanzaba.

Por las noches no me dejaba dormir. Dormía un ratito y luego a toser a toser y los dolores de cabeza eran frecuentes.

Las noticias indicaban que había más muertos y yo ya no sabía qué hacer, me estaba matando el miedo.

 

¿Te hospitalizaron?

El 17 de mayo fui a un médico par­ticular, fui por lo de la tos. Me hice una placa y me dijo que estaba pro­penso a la neumonía y que tenía Covid. Yo le respondí que era nada más tos, porque no quería creerlo, a lo que el médico me insistió que era esa enfermedad la que estaba ya en mi cuerpo.

Entonces me recomendó man­tener un tanque oxígeno, inha­laciones y me mandó al hospital INER, al lugar donde tenía el miedo no volver a regresar.

En el hospital me hicieron la prueba Covid y salí positivo. Me propusieron la intubación, pero no me quedaba de otra; si no lo hacía me daban un periodo de vida de dos días, porque estaba muy grave.

Tenía un 60 por ciento de respiración y el único método de sanación era que me pusie­ran a dormir.

Me inyectaron suero, me pu­sieron el oxímetro, me tomaron la tomografía del tórax otra vez y estuve en la cama 713.

Lo último que me acuerdo fue cuando me pusieron las in­yecciones. Yo preguntaba qué eran esas inyecciones y luego me decían que me durmiera, pero no quería hacerlo.

Me puse en las manos de Dios, porque soy católico. Lle­garon los enfermeros que lleva­ban los tubos y me dormí.

Los médicos me dicen que me desperté a los 10 días y que reaccioné de una manera agre­siva. Que me arranqué la sonda, pero para mí era como un sue­ño. Pensé que estaba soñando.

Una vez que entré a la reali­dad, lo que pedía era salir del hospi­tal para ver a mi familia. Entré con 74 kilos y salí con 56 kilos. Me die­ron de alta el 16 de junio.

 

¿Dónde se contagió?

A partir del 15 de marzo nos dijo la empresa dedicada a la venta de an­teojos que no fuéramos a trabajar y que lo hiciéramos en casa.

Un día llego a casa, un hermano estaba con gripa y le pedí que se pu­siera el cubreboca para que no con­tagiara a nadie.

Empezamos a discutir porque él no creía en eso. Pienso que ahí aga­rré el virus, porque en la noche ya sentía picazón en la garganta.

 

¿Cómo venció el Covid?

Bueno, los médicos sabrán qué me pusieron, pero yo ya había tomado antbiótico, antiviral, además me cuidaba.

Yo lo vencí un 18 de junio. Me dijeron que ya no tenía nada. Salí demacrado, sin fuerzas para cami­nar, por eso me sacaron en una silla de rueda. No tenía nada de fuerza. Supe que mi hijo y mi esposa tam­bién se contagiaron; mi hijo estuvo a punto de ser hospitalizado.

Yo recuerdo que a un amigo le dije que apoyara a mi familia por­que me iba ahospitalizar, pero el me dijo que le echara ganas, que todo iba salir bien. Cuando salí del hos­pital le envié un mensaje para salu­darlo. No me respondió el mensaje; cuatro días después supe que había muerto por Covid.

Todo fue como una pesadilla. A raíz de la enfermedad que quedé sin trabajo. Ahora busco una opor­tunidad de empleo o que el gobier­no capitalino me ayude para en cuanto encuentro un empleo.

 

¿Qué mensaje le da las personas?

El mensaje que les mando es que no se confíen, porque cuando tienen esto es por no andar con cubreboca.

Yo no llevaba cubreboca; mi primo dice que no va aguantar porque también le dio el Coronavirus, pero le digo tranquilo, que no llore.

Entonces, les digo a las personas que no se confíen. De un día para otro la enfermedad avanza muy rá­pido. La verdad a nadie se le desea esta enfermedad.

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