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La mujer se encontraba en este bar.

México

Violan a mujer extranjera, le dieron un aventón

Una neozelandesa en abusada por tres hombres. Tras mancillarla, la abandonaron en la selva.

SOLIDARIDAD QUINTANA ROO.- Cuando vio las playas del caribe mexicano, M. L tomó la determina­ción de no regresar a su país, Nueva Zelanda, y decidió quedarse a vivir en aquel paraíso, dando clases de inglés en línea.

Los fines de semana, M. L. se tendía al sol en la playa, y al caer la tarde, entraba a algún bar a beber cerveza y platicar con los nativos para mejorar su español.

De esta manera y sin planear­lo, M. L. pasaba los días sin caer en la nostalgia. A la edad de 38 años, no era difícil encontrar compañía agradable, y menos en aquel lugar donde parecían sonar alegremente todas las lenguas de la tierra.

El miércoles 21 de octubre, M.G. salió de su casa, en la colonia Ejido, para allegarse al bar La Chancla, ubicado en la calle 10, entre las ave­nidas 10 y 15.

El bar es frecuentado por quie­nes gustan de la música rock en vivo, las hamburguesas, los cocte­les y litros de cerveza. Cuando M. L. llegó estaba ya lleno, y se sentó donde pudo. Conforme pasaban las cervezas y cocteles, los comensales rompían el hielo y se animaban a intercambiar palabras con las me­sas próximas.

CON MENTIRAS SE LA LLEVAN

A M. L. no tardaron en hablarle unos hombres, pero como su espa­ñol no era aún fluido, no participó mucho de la conversación, sólo se limitó sonreír y alzar su bebi­da cuando los otros proponían un brindis.

M. L. disfrutó de la música en vivo en inglés, cerrando los ojos y coreando con el grupo que tocaba en vivo las apasionadas letras.

Pasada la media noche, cuan­do ya el vocerío del bar parece una tonada de fondo, M. L. decidió que era hora de irse a dormir. Pidió la cuenta de lo que había consumido y pagó, dejando una propina y un dando en un mal español las «gra­cias» al mesero. Las noches frescas de Playa del Carmen invitaban a M. L. a caminar y disfrutar del cielo sereno, pero a M. L. los tres hom­bres que habían tomado con ella, se acercaron a ofrecerle el aventón.

Ella, después de pensarlo unos segundos, aceptó. De haber sabido que el estado ocupa el primer lugar por el delito de violaciones, habría rechazado la invitación. El auto rojo se alejó de la ciudad y en cier­to punto de la carretera, en vez de seguir a la colina Ejido, se adentró hacia Puerto Aventura.

Al llegar a un paraje solitario, bajaron a M. L. de la unidad. Atada de manos con cinta canela, los tres desconocidos violaron a la neoze­landesa.

Adolorida y sola, caminó semi­desnuda por la carretera federal 307 hasta acercarse al hotel Gran Paladium, donde pidió auxilio.

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