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(Foto: Tabasco HOY)

Chiapas

Vino a la zafra, le quitan la vida

Marco Antonio tenía 26 años, era originario de Chiapas y había llegado a cortar caña. El mismo día de su arribo lo asesinan.

FÉLIX NOLASCO
GRUPO CANTÓN

Junto con unas 60 personas provenientes del municipio de Venustiano Carranza — ubicado en la parte central de Chiapas— Marco Antonio Martínez Pérez y su hermano Julio David llegaron al poblado C-31 dos días después de haber celebrado el Día de las Madres.

Si les hubieran preguntado si no era mejor quedarse y cortar caña en alguno de los ingenios cerca de su casa, seguro habrían dicho que sí.

Ninguno de sus 60 compañeros habría viajado los casi 300 kilómetros nada más por gusto. Todos ellos — incluso Julio David que era menor de edad— eran maestros en el arte de cortar caña, pero el sueldo que recibían en los ingenios alrededor de su casa era muy bajo.

Después del medio día de haber llegado al poblado C-31, en el municipio de Huimanguillo, los 60 chiapanecos ya habían sido contratados por Roberto Juárez Castro, un contratista identificado con la Asociación Cañera Benito Juárez.

Además de una buena paga, se acordó que los recién llegados dormirían en la Casa Ejidal, ya que eran demasiados.

En el poblado C-31.

SALEN A COMPRAR ALIMENTOS

Antes de dormir, en su primera noche bajo el cielo estrellado de Tabasco, Marco Antonio acompañó a sus paisanos a comprar unos víveres en la tienda más próxima.

Su hermano David quiso ir, pero él le dijo que mejor lo esperara. No conocían el lugar y tampoco era bueno exponerse tanto.

Eran las 10:30 de la noche. Se metieron por entre unas calles lodosas y oscuras, tan huérfanas que ni ladridos de perros se oían.

Al desembocar en la calle 6, escucharon ruidos de motocicletas y sintieron luces de fanales encandilando sus caras. Marco Antonio presintió que los motociclistas no eran nada amigables e hizo lo que sus paisanos: echó a correr sin rumbo, sólo por ponerse a salvo. Atrás escuchó varios disparos de arma de fuego.

LO GOLPEARON EN LA CABEZA

Cada uno por su lado, exhaustos, nueve chiapanecos lograron regresar a la Casa Ejidal. Sus caras pálidas lo decían todo. Como pudieron contaron a los demás el susto que acaban de pasar. Ninguno dejaba de mirar a la puerta con la esperanza de ver llegar al décimo compañero.

De inmediato llamaron al comisario ejidal y le contaron todo. Un grupo númeroso salió a buscar a Marco Antonio. Esta vez se unió Julio David, pidiéndole a Dios que no le pasara nada a su hermano.

Marco Antonio no aparecería sino hasta la mañana del día siguiente. Su cuerpo estaba reclinado sobre una pared sin repellar. Inmóvil.

Encima de él tenía un tablón de madera. La sangre que escurrió de su cabeza alcanzó su brazo izquierdo hasta descender a la tierra. A sus pies había una lata grande oxidada. Tenía un golpe en la cabeza.

Su hermanito Julio David fue quien lo identificó ante las autoridades. Hasta ahora no hay detenidos.

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