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Raymundo Vázquez Soberano. Historiador.

Columnistas

Villahermosa – Relatos de una Ciudad

Por Raymundo Vázquez Soberano

 

MANUEL GIL Y SÁENZ, EL PRESBÍTERO QUE SE QUEDÓ CHUPANDO

 

El presbítero y licenciado Manuel Gil y Sáenz (1829-1909) es por mu­cho uno de los tabasqueños, olvi­dados en el ámbito cultural local, esto se debe a que los burócratas responsables de la difusión de la cultura en el estado desconocen la historia de Tabasco.

Nació en 1912 y fue vicario in capite hasta 1882. Durante mu­cho tiempo realizó gestiones ante las autoridades eclesiásticas para que Tabasco contara con su pro­pio obispado, logró su cometido, en mayo de 1880 el Papa León XIII decretó la formación de la diócesis de Tabasco. En 1882 fue designado como primer obispo, el sacerdote Agustín de Jesús Torres Hernán­dez, así en febrero de ese año fue erigida en catedral la iglesia de Es­quipulas en San Juan Bautista.

El hecho de que Agustín de Je­sús Torres, fuera designado como el primer obispo de Tabasco, des­corazonó a Gil y Sáenz porque él esperaba ser elegido para ese car­go. Tenía los méritos suficientes, además de las gestiones para fun­dar el obispado, había promovi­do la restauración de iglesias: las de Tepetitán y Macuspana, la de la Concepción y la Santa Cruz, las últimas en la capital de la entidad.

DESEABA SER OBISPO

Sáenz relata que fue invitado por Torres a integrase al obispado, pero no quiso, al respecto refiere que el había promovido la erec­ción del obispado pero que tal vez su error fue que nunca manifestó a sus superiores que él deseaba ser el primer obispo, ante este pano­rama tomó la decisión de apartar­se de la iglesia católica justificando su decisión de la manera siguien­te: “[…] desempeñé la vicaría in ca­pite hasta 1882, en que erigieron obispado a Tabasco, y como prepa­ré eso para que fuera obispado, fue nombrado un tal Torres y después Amézquita; los dos me hablaron para servir, pero de segundo plato no quise, y me retiré a la vida pri­vada. Serví a la Iglesia treinta años, me pagaron mal y hace veintidós años me retiré”.

Durante una de sus estancias en Tepetitán, tuvo la satisfacción de ser el descubridor formal del petróleo en Tabasco. También fue Gil y Sáenz a quien correspon­de en 1872 el honor de preparar el primer relato histórico sobre Tabasco, al cual dio por nombre, “Compendio histórico, geográfico y Estadístico del Estado de Tabas­co”, además escribiría otras obras entre las que figuran: El caporal, Opúsculos sobre mundos habita­dos ante la Iglesia católica y la His­toria de Tabasco.

Para concluir, se exponen los motivos por los cuales Gil y Sáenz, escribe sobre su vida, el presbíte­ro refiere que si en el futuro se es­cribiera sobre su actuación, no se emitieran juicios de valor sobre su persona, porque él y solo él era, responsable de lo que le había su­cedido, al final de este relato, re­fiere que aunque aportó mucho a Tabasco, no obtuvo beneficio, fue­ron otros los que sacaron prove­cho y mientras, refiere: “[,,,] yo, yo me quedé chupando”, lo que equi­vale el día de hoy a quedarse mi­rando. En ese tiempo chupando se refería a la acción de fumar.

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