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Raymundo Vázquez Soberano. Historiador.

Columnistas

Villahermosa – Relatos de una ciudad

Por Raymundo Vázquez Soberano

 

 

RAMÓN NONATO LÓPEZ Y LA  HISTORIA DEL PLÁTANO ROATÁN

Ramón N. López (1870-1943). Fue un tabasqueño apasionado por la historia local, que vivió en Villahermosa durante la mayor parte de su vida. Entre sus publicaciones se cuentan Tabasco y su petróleo, Tacotalpa y Tapijulapa, Monografía teapaneca, así como un texto sobre los gobernantes de Tabasco, éste último aún se encuentra sin publicar. También destacan sus artículos históricos publicados en periódicos de la entidad, algunos de ellos son: “La masonería en Tabasco”, “Nuevos nombres de los barrios y algunas calles de la capital”, “Cómo se divulgó la Teosofía en Tabasco” y “La colonia primero de mayo”.

Sin embargo, su obra cumbre fue la Historia del plátano roatán en Tabasco, la cual se mantuvo inédita por varias décadas resguardada en la biblioteca “José Martí” de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco y fue hasta el año de 2004 que la obra al fin se publicó.

Esta obra debió ser impresa durante la segunda mitad de la década de los años veinte del siglo anterior, por entonces don Ramón había recibido dos ofrecimientos para publicar; el primero, en 1925 de la Universidad de Tulane, el cual rechazó “[…] por haber atendido, indebidamente, a un amigo tabasqueño que me habló de patriotismo, para que no aceptara ayuda extraña”. El segundo, del ingeniero Manuel J. Garrido Canabal, hermano de Tomás Garrido, se ignoran los motivos por los que   esta propuesta no se concretó.

Don Ramón, escribió su libro a partir de la información obtenida en los archivos de la Cámara Agrícola Nacional de Tabasco, de la Unión de Productores de Frutas Tropicales y de la Confederación de Uniones de Productores de roatán; además de escritos de personajes relacionados con el cultivo del plátano roatán en la entidad, con información que obtuvo de sus vivencias como empleado de la empresas bananeras American Fruit and Steampship Company, Cuyamel Fruit Company y como secretario primero, de la Cámara Agrícola Nacional de Tabasco; luego, de la Confederación de Uniones de Productores de Roatán y de su actuación como delegado de varias uniones de productores de plátano.

López relata quienes fueron los pioneros en la introducción y propagación del roatán en Tabasco, los primeros exportadores; así como el sinnúmero de adversidades a las que se enfrentaron para que este cultivo se arraigara en las tierras tabasqueñas; así como la controversia que se generó por el nombre que debía adoptar la fruta: plátano roatán o plátano Tabasco.

Villahermosa – Relatos de una ciudad

 

Don Ramón, tomando como fuente de información a Mariano Olivera comenta que, en 1884 Manuel Jamet y José Jesús Dueñas acordaron establecer en gran escala la siembra y exportación de esta variedad de guineo de gran demanda en los mercados estadounidenses. Dueñas proporcionaría los terrenos y siembra, y Jamet suministraría los fondos, accesorios y costos de un vapor destinado a conducir las frutas a Nueva Orleans.

Conforme a lo acordado, Dueñas pidió a Honduras en 1889, la simiente y sembró frente a San Juan Bautista, hoy Villahermosa, en el lugar denominado Las Palmitas —colonia Las Gaviotas— las primeras cinco plantas, introducidas al estado, únicas que llegaron vivas, después de un viaje dilatadísimo. Debido a problemas con su negocio maderero, que más tarde se complicaron Jamet fue expatriado. Entonces Dueñas tomó por su cuenta la empresa, luego de un esfuerzo agotador convenció a los propietarios de terrenos más progresistas, desconfiados éstos, por costumbre a toda innovación. El fruto de sus esfuerzos comenzó a dar resultados positivos hasta 1907. En ese año había plantadas sesenta mil cepas del guineo llamado roatán, sembradas en ambas márgenes del Grijalva.

Sobre la exportación de roatán refiere que, durante el año 1934, estaba sobre los cuatro millones de racimos, entre los problemas esenciales que la exportación experimentaba encontraba dos en especial. El primero, relacionado con el transporte fluvial y marítimo; y el segundo, la lucha permanente que sostenían los productores para defenderse de los abusos y tropelías que en su contra cometían las compañías exportadoras; esta situación propiciaría la Confederación de Uniones de Productores de Roatán, entre otras organizaciones.

López incluye en su obra, una iconografía de los principales personajes, las actividades y medios de transporte ligados con la exploración del “oro verde” y termina con un apartado al que llama apéndices que comprenden cuatro estudios sobre la explotación del plátano; de ellos, los dos primeros llaman la atención: 1. ‘La barra de Frontera y su canal artificial’, que consiste en una breve historia de los esfuerzos y descalabros que los tabasqueños desde el siglo XIX realizaron en su afán por contar con una barra lo suficientemente segura para la exportación del roatán y  de otros productos comerciales, así como para la importación de productos nacionales y extranjeros a la región. 2. La  ‘Sospecha de enfermedad del plátano roatán’, describe a detalle la manera en que a partir de 1913 se empezaron a presentar las primeras manifestaciones del “mal de Panamá” en algunas plantaciones de la municipalidad de Jalapa hasta 1931 en que poco más o menos se tenía la certeza científica de que parte de las plantaciones locales se encontraban afectadas por esta enfermedad, aunque para ese momento todavía no había ocasionado estragos significativos en la producción que por entonces se encontraba a la alza.

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