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Director Miguel Cantón Zetina
Elementos de la Guardia Nacional acordonaron la zona del macabro hallazgo.

Veracruzanos torturados y ejecutados en La Venta

Los cuerpos fueron hallados en el kilómetro 41 de la carretera federal Cárdenas-Coatzacoalcos; fueron sacados de sus viviendas.

LA VENTA. La orden era no ser discretos. Por eso los sicarios no escatimaron violencia para sacar de sus casas a cada uno de los seis marcados para morir. En la em­bestida un perro se llevaron.

Por supuesto, ninguna de las víctimas esperaba esta visita ma­cabra. Algunos andaban en bóxer porque no tardarían en irse a dormir. Un par, incluso, llevaba puesto el pantalón de mezclilla y la camisa a cuadros con la que había trajinado ese día que la ho­ja del calendario marcaba lunes 24 de agosto.

A la madrugada sólo faltaba por levantar a uno. Descendieron de sus camionetas cubiertos con pasamontañas y cortando cartucho, entraron a la última casa. Al que buscaban lo levanta­ron a cachazos, pero el ruido des­pertó a los demás. Los sicarios apuntaron a todos los miembros de la casa: la señora y dos peque­ños, entre cinco y siete años, que no paraban de llorar. La madre los abrazó con su cuerpo para que no vieran cómo los indivi­duos revoloteaban todo hasta encontrar dinero, computado­ras portátiles, relojes y las llaves del auto y las motos. Ni siquiera la alcancía de los niños se salvó.

Completada la carga de los cinco hombres y una mujer, la única que fue subida en short, el convoy de la muerte enfiló por la carretera hacia el límite entre Ve­racruz y Tabasco.

En el tramo conocido como la zona del huachicoleo termina­ron de hacer su trabajo. Un tiro de gracia en la cabeza para cada uno de los marcados para morir.

 

NI TIEMPO LES DIERON DE REZAR

Como la orden era «no ser dis­cretos», arrojaron los cuerpos semidesnudos en el kilómetro 41+500, del lado de la Ciudad La Venta, en la carretera federal Coatzacoalcos-Villahermosa, a orillas del acotamiento.

Unos automovilistas que pa­saron muy temprano por la zona dieron la voz de alerta a la poli­cía municipal y al destacamento apostado en la caseta de peaje.

Los seis cuerposcinco hom­bres y una mujer– estaban atados de las manos con cable y tela.

La escena del crimen fue aba­rrotada de policías, federales mi­litares y de la Guardia Nacional, estos últimos los primeros en haber tomado conocimiento de la multiejecución, acordonaron el lugar, pues arriba de la cinta de rodamiento fueron encon­trados casquillos percutidos, lo que establece que en el lugar fueron ultimados.

Varias horas fueron necesa­rias para las diligencias llevadas a cabo por peritos y médicos le­gistas de la Fiscalía del Estado.

Los restos fueron trasla­dados al anfiteatro municipal para dar inicio a los protoco­los que exige la ley, donde cua­tro fallecidos continuaban en calidad de desconocidos. Sólo dos habían sido identificados: Gerónimo de 23 años, y Fer­nando, nativos de Agua Dulce Veracruz. Las autoridades sos­pechan un ajuste de cuentas entre bandas rivales por el te­rritorio del narcomenudeo.