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AURORA TORRES

Vencí al Covid-19 pero me quedaron muchas secuelas

Sin saber dónde se contagió, pasó 14 días de sufrimiento, ahora tiene que dormir con oxígeno pues no puede respirar.

TABASCO.- Aurora Torres es una mujer que venció el coronavirus, pero to­davía le ha dejado secuelas.

La enfermedad la mantu­vo en cama durante 14 días y fue tanto la afectación en su cuerpo, que tuvo que utilizar un catéter para ingresarles los medicamentos que combati­rían los síntomas provocados por el coronavirus.

Hoy se siente afortunada de haber librado la enfermedad que a muchos ha arrebatado la vida de sus familias.

Asegura que siempre estuvo a su lado su pareja para apoyar­la, pero principalmente, siem­pre confió en Dios para salir adelante.

Hoy aconseja a las familias a continuar las medidas sanita­rias aun cuando el estado de Ta­basco se encuentra en semáforo epidemiológico color naranja.

 

—¿Qué se siente ser un pa­ciente covid?

Yo empecé a sentir dolor en la espalda. Le decía al doctor que me dolía el pulmón dere­cho y cada vez era más acentua­do. Me costaba respirar y me dolía el pecho de igual forma. De pronto mi saturación empe­zó a bajar a 90 y fui a urgencias para que me atendieran sobre los síntomas. En un principio me asusté, porque estaba sin­tiendo una enfermedad rara en el cuerpo. Ya había escuchado de los síntomas, y pensé que ya tenía la enfermedad.

 

—¿Dónde crees que te conta­giaste?

Es difícil precisar el lugar porque en realidad estamos expuestos en todos lados, sin embargo el lugar más probable creo fue en mi centro de traba­jo, donde de pronto empezó a incrementar el número de ca­sos y donde no podía dejar de trabajar pese a que las cifras au­mentaban día a día. No encuen­tro otro lugar donde pudo haber sido el contagio.

 

—¿Te hospitalizaron?

No, gracias a Dios. Se lo tengo que agradecer al mé­dico que me atendió. Te ex­plico que padezco de hiper­tensión desde hace varios años. Hace poco me diag­nosticaron una cardiopatía. Entonces el doctor me expli­caba que si me quedaba co­rría el riesgo de que el virus emigrara al corazón y no me garantizaba que saliera viva en el hospital. Así que me re­cetó todos los medicamentos y me fui a casa donde era yo atendida por una enfermera particular y mi prometido, que de verdad fue la prueba de fuego para él.

 

—¿Cómo venciste la enfer­medad?

En realidad fue un sufri­miento total para mí. Porque tenía un catéter que me cam­biaban cada tercer día para que no hubiera alguna infección, porque todo el medicamento que me recetaron era intrave­noso, eran aproximadamente cinco tipos y me lo estuvieron aplicando durante un periodo de 14 días. Me aplicaron por ocho días una vacuna, en la parte del ombligo. Por si fuera poco, un día me paré, me sen­tí mareada y me golpeé contra un cristal. Termine en la cruz roja porque me causé una he­rida grande. Los especialistas tuvieron que ponerme siete puntos para cerrar la herida. Fue muy difícil para mí. Yo rogaba a Dios que me librara porque sentía que se me iba el alma. Desde el ocho de agosto hasta hoy uso oxígeno durante las noches.

 

—¿Tomaste o hiciste algún otro remedio casero?

Sí, también tomé diferentes tipos de té para salir adelante. Me hicieron vaporizaciones con hojas de eucalipto, me fro­taba con el ungüento de Vapo­rub. Fue una verdadera lucha que hasta el momento todavía ha dejado secuelas.

 

—¿Qué mensaje le das a las personas?

La verdad, desde mi expe­riencia, que aún cuando me cuidaba, era incrédula a lo que ocurría. Creo que, como todos, yo también creía que era men­tira del gobierno. Pienso que hasta que no nos toca es cuan­do valoramos lo que tenemos, principalmente nuestra salud.

La recomendación que pue­do hacerles es utilizar además de cubrebocas, el cloro, alco­hol, y hacer conciencia de que no hay medicamentos sufi­cientes en los centros médicos y en ocasiones en las farmacias. Eso pone en riesgo la vida de nuestra familia. Es cierto que a veces los niños se aburren de estar encerrados, pero como decimos los tabasqueños, de que lloren ellos a que llore la familia, mejor ellos un ratito.