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#VENCEDORES DEL COVID-19

Kevin Manuel es un joven de 23 años, que como muchos nunca pensó en contagiarse de Covid-19. Afirma que desde que inició la pandemia en México, fue a los adultos mayores a quienes más consejos de prevención se les dio, por ser más vulnerables. Ello llevó a que algunos jóvenes entendieron que eran inmunes a contraer Covid-19, por lo que en plena crisis sanitaria han organizado fiestas masivas. Aunque no menciona cómo se contagió, Kevin narra que el tiempo que pasó hospitalizado lo más terrible que vivió fue la muerte de uno de sus compañeros de habitación y ver el traslado de cadáveres en bolsas.

— ¿Cuáles fueron tus síntomas antes de hospitalizarte?

“Empecé con tos, posteriormente sentía que me faltaba el aire de manera constante. Nunca tuve dolor de cabeza ni de cuerpo. No tengo enfermedades crónicas, era raro sentirme así; pero sabía que algo pasaba”.

— ¿Cuál fue el diagnóstico?

“Mi condición de salud estaba empeorando, por lo que mis familiares me llevaron al Hospital de México ‘Eduardo Liceaga’. Al llegar me tomaron los signos vitales, me informaron que tenía que ser internado porque debido a la falta de oxigenación mi corazón empezaba latir más, me podía dar un paro cardiaco”. “En ese momento no había camas disponibles, se tardaron ocho horas para subirme a piso, es decir, darme una habitación”.

— ¿Crees que tu juventud te salvó de morir?

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“En el hospital había más jóvenes, entre los 18 años de edad. Incluso, me tocó ver un área para niños, entonces no era la única persona de menor edad. Las autoridades de Salud deberían de decir la realidad, han llegado a decir que a la juventud no les da coronavirus”.

— ¿Informaron a tu familia saber de tu salud?

“Estaba preocupado por mi familia, estaba encerrado y no tenía comunicación con ellos. Solo recibía la bolsa que me daba la enfermera con mis cosas personales como pasta dental, papel de baño, toalla de baño que me llevaban”. “Entre las cosas de aseo personal me mandaban cartas, en ellas me decían: ‘Ya te queremos ver’, ‘Esperamos que te encuentres bien’. Yo decía, ¿porqué? me dicen eso, yo estoy bien, pronto me van a dar de alta. Ya me habían quitado el tanque de oxígeno, podía respirar mejor”. “Extrañaba estar en casa con mis seres queridos, tener una cuchara para poder comer mis alimentos, así como una cobija para taparme del frío”. “Lo digo porque no había con qué comer la sopa fría de fideo que me daban. La habitación tenía que estar ventilada y abrían las ventanas, el frío era intenso por las madrugadas, tenía que tomar mi toalla para cubrirme por lo menos los pies. Fue traumático estar ahí”.

— ¿Cómo te distraías para no entrar en ansiedad?

“La puerta de la habitación en donde me encontraba con mis demás compañeros estaba medio abierta; veía pasar a varios enfermos en camilla, sillas de rueda; lo más terrible era mirar el traslado de cadáveres en bolsas blancas, cada vez que pasaba uno me daba temor”. “Sabía que en esas bolsas iban personas fallecidas, porque uno de mis compañeros murió en mi presencia, lo embolsaron, lo dejaron un rato en el lugar y después se lo llevaron al crematorio”.

— ¿Crees que volviste a nacer?

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“Cuando me dieron de alta me confirmaron que tenía coronavirus, pero debían ocupar el lugar, por lo que me aislé en casa, con las observaciones médicas. ¡Nada había terminado. Resolvieron mi falta de oxigenación, pero no la del virus!

— ¿Estás aislado en tu casa?

“Vivo con mi abuelita, me daba temor de contagiarla, por ello tomé las previsiones necesarias. Afortunadamente, a mis 23 años, soy un sobreviviente de Covid-19.

— ¿Qué mensaje les das a los jóvenes?

“En vez de hacer fiestas que vayan a los hospitales para que vean la realidad. No solo están muriendo adultos mayores, los jóvenes también mueren por el coronavirus”.

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