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Vale la pena por Tabasco

Es un gran esfuerzo, es una lu­cha tenaz, implica grandes sa­crificios, renuncias, privaciones, incluso las pérdidas económicas y todo lo que implica para todos nosotros los que vivimos en es­ta tierra, “la mejor que alumbra el sol”, tanto para los que tene­mos el orgullo de haber nacido aquí, como para todos aquellos que aquí realizan su vida y son también nuestros queridos pai­sanos, someternos, con gusto, a todas las medidas sanitarias pa­ra desterrar la pandemia. Vale la pena todo esto por Tabasco.

Cuna de las culturas olme­ca y maya, los habitantes de es­te suelo somos herederos de valores y también anti valores de aquellos antepasados nues­tros que, al realizar el mestizaje con los españoles, hemos veni­do construyendo la historia pro­pia de este pueblo que es nuestro querido Tabasco. No fue nada fácil esa fusión, muchas cosas se destruyeron para lograr esta síntesis. La ubicación geográfi­ca que ocupamos tiene sus gran­des ventajas, pero también sus desventajas; un clima difícil, la abundancia de mosquitos, las faltas de comunicación en el pa­sado, también el abandono por parte del centro de la República.

Entre los años 1926-1936 este pueblo, creado para la libertad, tuvo que soportar la persecución religiosa que pretendía impo­nerse desde la deformación de la conciencia de los niños para bo­rrar totalmente cualquier idea de Dios. La gente defendió su li­bertad y salió fortalecida. Poste­riormente, el auge del petróleo, lo cual hizo que la mirada econó­mica fuera dirigida a esta peque­ña parte de la Patria, no ha sido suficientemente aprovechado para el bienestar de la gente, más bien ha sido objeto, en muchos momentos, del provecho de inte­reses particulares y mezquinos.

La historia de Tabasco está hecha de luces y sombras. Un día como hoy, 11 de mayo, hace pre­cisamente 30 años, la mirada del mundo entero, por medio de los medios de comunicación, se cen­tró en este suelo, un hombre in­trépido, sin ser tabasqueño, pero que amó profundamente a nues­tro pueblo, gestionó la visita de San Juan Pablo II y, estando en­tre nosotros, le pidió al Santo Pa­dre la coronación de la Santísima Virgen de la Asunción de Cupil­co como Reina y Patrona de Ta­basco.

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