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Utopía

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Imagine un país en el que todo niño tiene acceso a educación de calidad, ya sea pública o privada, y donde toda persona arriba de 24 años cuenta con una licenciatura, arriba de 30 años tienen una maestría, y un 70 por ciento de la población arriba de 35 años cuenta con un doctorado. ¿Qué pasaría?

Porque la respuesta de muchos iría en el sentido de que una situación así es algo muy favorable, donde todos en ese país serían ricos.

Y sí, sin duda el nivel de vida y las posibilidades serían amplias, en virtud de que un pueblo con buena educación e instrucción formal, tiene más posibilidades de construir una sociedad ordenada, con gobiernos transparentes y casi exentos de corrupción. Pero si todos los trabajadores en una sociedad tuvieran licenciatura, entonces esa sería la “base” de la especialización y de los salarios. Por ende, con base en una lógica de oferta y demanda, habría muy seguramente un exceso de la primera y los salarios hacia ellos disminuirían.

Por otro lado, la mano de obra especializada NO profesionista sería altamente demandada y por lo tanto muy bien pagada, generando un incentivo para que nuevas generaciones decidieran NO estudiar una licenciatura y en cambio volverse expertos en oficios que tradicionalmente son un genérico (commodity). Un carpintero o plomero ganaría mucho más que un abogado o un ingeniero. El mercado se ajusta y se paga más por lo escaso.

La especialización del trabajo y el tamaño de la economía determinarían en ese país del que hablamos, el nivel de sueldos que se pagaría a la mano de obra profesionista. Si por ejemplo ese lugar se vuelve un clúster de ingeniería que vende servicios a diferentes partes del mundo, entonces los niveles de salarios se mantendrían o incluso irían en un constante aumento debido a la demanda. Pero sin un factor así, el exceso de licenciados, maestros y doctores generaría un déficit de mano de obra para operar fábricas, operar servicios públicos y como se ha mencionado, posiblemente resultaría más redituable ser taxista, carpintero o plomero, que ser contador.

No se mal entienda, la educación es la base para construir sociedades fuertes y productivas, que generen economías sólidas. Pero los modelos utópicos son solo eso, utopías, y la realidad debe de irse ajustando y mejorando, considerando que solo con personas con más conocimiento, valores, formación y experiencia, se podrá combatir el cáncer de la corrupción que aqueja al mundo entero.

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Los tres jinetes del Apocalipsis

Óscar Gómez Cruz

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En la era moderna vivimos con grandes comodidades y a una velocidad nunca antes vista, gracias a los avances tecnológicos de toda índole que se desarrollaron durante los siglos XX y XXI.

Las comunicaciones, el desarrollo de software y hardware hoy nos tienen conectados permanentemente, con la posibilidad de llevar a cabo tareas altamente complejas desde un teléfono inteligente y sin salir de casa.

La famosa globalización no solo se entiende como un mundo integrado comercialmente hablando, con movilidad de personas y mercancías más sencilla, a costos menores por volúmenes de transporte y acuerdos arancelarios, implica también la comunicación de todos los seres humanos cada vez a costos más bajos y permitiendo una difusión comercial, cultural y hasta personal, cada vez más efectiva.

Todo esto tiene costos, porque nada viene gratis en este mundo.

Tu teléfono por ejemplo, o la computadora en la que trabajas, se vuelven obsoletos muy rápido. Y, ¿dónde crees que terminan esos aparatos? En el mejor de los escenarios, tienen partes que se reciclan y se reutilizan, pero esto sucede en los países desarrollados únicamente.

¿Cuántos cargadores de diferentes aparatos tienes que ya no usas? Me refiero a teléfonos, computadoras, audífonos, etc. Todo eso, aunado a la gran cantidad de desechos que generamos 7 mil millones de seres humanos, está destrozando los ecosistemas.

La globalización genera riqueza, pero exacerba la codicia, relaja los escrúpulos y la tecnología nos hace todo más fácil.

En el camino, el calentamiento global avanza sin control. Los gases que emite la industria para poder satisfacer las crecientes necesidades de las personas, los desechos de materiales tóxicos, la explotación del subsuelo para extraer litio y otros materiales que requieren los celulares y las computadoras, generan explotación laboral y están destrozando el ambiente.

Los tres jinetes del Apocalipsis moderno son la tecnología, la globalización y el calentamiento global. Nuestra propia genialidad nos está matando.

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Los propósitos de 2022

Óscar Gómez Cruz

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Cada año que comienza tenemos la costumbre de hacernos propósitos que rara vez cumplimos. Comenzando con la siempre presente determinación de hacer ejercicio, cuidar nuestra salud, hasta el eterno deseo de mejorar nuestra situación económica. El gran problema es que nos centramos en la meta, no en el proceso.

Se nos ha dicho que poner la mirada en lo que uno desea es la base para obtenerlo, pero en la práctica diaria las cosas no funcionan así. Ya sea que quiera usted retomar el ejercicio o ganar muchísimo dinero, es importante por supuesto tener una visión de lo que se quiere, ponerse posteriormente metas claras y trazar un plan para lograrlo. Pero el éxito se alcanza en las acciones diarias y el recorrido del trayecto que lleva a la meta; es ahí donde la mayoría fallamos y nos sentimos altamente frustrados.

Haga el día de hoy 10 minutos de caminar o trotar, 15 lagartijas y 15 sentadillas. Tome un papel y pluma o siéntese frente a la computadora a bajar esas ideas que trae en su cabeza desde hace tiempo para iniciar su propio negocio, haga un par de llamadas con personas que pueden acercarlo a ese trabajo que desea. ¡Tome acción!, pase de la visualización de la meta al paso diario.

Si en una semana suma usted 5 días de hacer más tiempo de ejercicio y más repeticiones, habrá usted dado pasos concretos para lograr uno de sus propósitos, habrá hecho “algo” de ejercicio, que es mucho mejor que no hacer nada.

Para acercarse a lograr sus propósitos para este año, intente diariamente despojarse de su ego, entendido éste como una auto sobrevaloración de lo que somos y hacemos. No significa dejar de creer en nosotros mismos, de ninguna manera, solo en enfrentar el hecho de que no somos tan fabulosos como nosotros nos decimos que somos. El ego es el obstáculo más grande entre donde se encuentra hoy y donde quiere llegar. Pero aún peor, es el mayor enemigo de que usted disfrute incluso lo que es y tiene hoy.

Me permito recomendarle una serie de libros que en lo personal me han servido para cambiar mi “mindset”, para reprogramar mi chip interno:

  1. El ego es el enemigo.
  2. Stillness is the Key, ambos de Ryan Holiday.
  3. The Art of Contemplation, de Richard Rudd.
  4. El poder del ahora, de Eckart Tolle.

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