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Director Miguel Cantón Zetina

Un pájaro de cuentas sembró el terror en Cunduacán

Ernesto plagio a una universitaria del poblado Gregorio Méndez, Cunduacán. Lo detienen en el mismo municipio donde cometía sus fechorías.

Los padres de la joven universitaria nunca olvidarán la llamada telefónica que recibieron hace dos años, en julio de 2018. Una voz masculina les pedía guardar silencio y no denunciar a la policía si querían volver a ver a su hija de nuevo.

–Esperen la próxima llamada.

Y ya lo saben… Las horas pasaron para los padres de la joven sin saber qué hacer.

Deseaban ver de nuevo a su hija en casa, pero al mismo tiempo no podían depositar su confianza en aquella voz amenazante.

¿Quién garantizaba que si no informaban a la policía la situación saldría bien?

Era un albur, pero los padres de la chica decidieron mantener la calma y esperar a que sonara de nuevo el timbre del aparato.

No era exagerado decir que en ese intervalo cargado de un silencio agudo, las manecillas del reloj grande retumbaban cada segundo en la sala.

Finalmente el teléfono sonó y uno de los padres levantó el auricular.

Debe entregarnos medio melón de pesos por el rescate de su hija.

Si en un plazo de 24 horas no los consigue, no volverá a saber de ella.

Los padres, originarios del poblado Gregorio Méndez, en el municipio de Cunduacán, se movieron rápido para tener la cantidad exigida por los secuestradores.

Ninguno de los dos progenitores lamentó deshacerse de esa suma, obtenida honradamente con el sudor de la frente, como se dice por ahí.

Habían escuchado de asaltos y de bandas criminales que usaban los caminos vecinales para despistar a la policía. No sólo eso, se sabía que tanto en Cunduacán como Jalpa de Méndez, los terrenos donde antiguamente se cultivaba el cacao habían sido comprados por los maleantes para levantar sus casas estilo californiano.

Ahora ellos, nativos de la llamada Atenas de Tabasco, eran víctimas del crimen organizado. Y hasta quizá, probablemente, de algún vecino cercano.

No era hora de elucubrar, el matrimonio entregó la cantidad exigida por los malhechores. La madre de familia dio gracias a Diosito cuando vio de regreso a su tesoro.

No obstante, los días que siguieron fueron de zozobra, de temor a volver a ser víctima de los pillos. Quizá había que interponer la denuncia de hechos.

No estaban equivocados en sus hipótesis las víctimas. Pero fue dos años después que confirmarían sus sospechas. La Fiscalía Especializada para el Combate al Secuestro mediante la Vicefiscalía de Delitos de Alto impacto, detuvo a un cunducanense el domingo 16 de agosto.

La aprehensión fue girada por el Juez de Control de la Región Judicial 2, con sede en Cunduacán.

El detenido cuyo nombre es Ernesto «N» está señalado como el probable responsable del secuestro de la joven universitaria.

No es el único delito que se le imputa.

Según la orden de captura del juez, Ernesto era integrante de la banda criminal, ya desarticulada, que asoló con plagios a comerciantes en los muncipios de Cunduacán, Centro, Jalapa y Mascupana, todos ellos perpetrados entre los años 2016 a 2018. Ernesto era el último pájaro de cuentas que faltaba detener.