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Director Miguel Cantón Zetina
JOSÉ LUIS CONTRERAS MORALES

‘Un médico me animó a no dejarme morir en mi tristeza’

El docente tuvo que superar el shock de ver la muerte de cuatro personas intubadas en el hospital del ISSET.

José Luis Contreras Morales, un docente de profesión, pensó que no contaría su historia. En el hospital ISSET, donde lo in­ternaron por coronavirus, vio que cuatro pacientes intubados perecieron, creyó que le tocaba partir, se entristeció y estaba desanimado.

Pero gracias a la voz de ánimo de un médico, quien le reiteraba que sin importar lo que ocurría a su lado tenía que sacar fuerza, se armó de valor y luchó con fe. Hoy da gra­cias a Dios porque siente que tiene una segunda oportunidad de vivir.

 

—¿Qué se siente ser un paciente?

Fui a mi clínica del Seguro Social porque tenía días que solo por las noches me daba temperatura de entre los 37.5°, los 38° y hasta los 39° grados. Lo más raro es que sólo me daba calentura por la noche, pero en el día yo me sentía bien.

En la consulta el doctor que me atendió me dijo en su mo­mento que no me alarmara, que era algo normal. Conforme pa­saron los días, comencé a sen­tirme débil a grado tal que ya no podía levantarme; inicié con do­lor de cabeza y de cuerpo, ya no pude más y regresé al hospital para que me volvieran a valorar.

 

—¿Cómo fuiste atendida en el hospital?

Se siente muy mal. Es una enfer­medad que no tiene cura. Sentí que no lo iba a lograr. A dentro del hospital vi que intubaron a cuatro personas y al poco tiempo de ser intubadas, murieron.

Eso me dejó en shock. Pensé que me iban a llevar envuelto, como lo hacen con los cuerpos que perecen. Me desanimé com­pletamente, dije: no pude des­pedirme de mi familia. Mi res­piración había bajado al 80 por ciento, no podía respirar.

Un médico se me acercó y me habló con un tono de seguridad que no me preocupara por lo que pasara en mi alrededor, que me enfocara a pensar positivo, a ha­cer valer mi fe para poder salir de la enfermedad. Y sin querer, sa­lieron lagrimas de mis ojos.

Estaba muy triste, pero esas palabras, sé que Dios usó a ese médico, para darme cuenta que mi reto era vencer al coronavirus y así fue como le hice.

 

—¿Dónde te contagiaste?

Salí a repartir tarjetas de 500 pesos de la UNICEF, con la razón social de Chedrahui. El apoyo es para las familias de bajo recurso. En las ca­sas me daban de beber agua, pienso que en una ida hacia la colonia Casa Blanca o Tierra Colorada, pude ha­berme contagiado.

Mi esposa también se contagió, pero solamente estuvo un día con dolor de cabeza, dolor de hueso, espalda, de ahí se le quitó. A mi no, pensé que solamente me duraría 14 días, pero seguí y me recomenda­ron acudir al hospital..

 

—¿Te hospitalizaron?

Sí. Había estado 11 días en casa por­que pensé que no iba a pasar a más, pero no fue así tuve que internar­me. Allí duré 10 días hasta que me dieron de alta. Me daban de comer las tres comidas, yo no tenía ham­bre, porque lo que menos quieres es comer, pero lo hacía porque los médicos me decían que me ayuda­ría en mi recuperación.

Allí mismo me permitían co­municarme con mi familia, eso me ayudaba a seguir echándole ganas. Lo que más extraña cuando estás hospitalizado es a tu familia.

 

—¿Cómo fue la atención de los médicos?

Sentí mucho apoyo por todos los que allí laboran: las enfermeras, intendentes, es un equipo joven, un equipo que lo sentí que son incan­sables, que están hecho para esa la­bor, porque lo hacen en beneficios de nosotros.

Regalándonos unas palabras, de aliento. Agradezco a la licenciada que a través de ella llegaba los men­sajes de mi familia, que la verdad, es lo más importante para uno. Los médicos, todo el personal de salud les agradezco mucho, que me haya levantado y que tenga la oportuni­dad de vida. Gracias a ellos y a mi padre celestial estamos aquí.

También agradezco a mi com­padre Arturo que fue uno de los que me dijo que yo fuera al hospital antes que fuera más tarde, al doc­tor de Dios.

Todos son excelentes, les doy gracias y le pido a mi padre celestial que siempre les de esa fortaleza a todos, al personal administrativo, a nuestro gobierno, al presidente de la república. Estoy muy agradecido con todos y lo digo de corazón..

 

—¿Qué mensaje darías?

Cuídense, porque es real. Para algunas personas la enfermedad puede ser leve, pero para otros, como yo, puede ser severo. Yo vi que murieron cuatro personas, no se lo deseo a nadie, pero cuídense. Que lo hagan por su familia, por sus hijos.