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Director Miguel Cantón Zetina
(Ramiro Ramírez)

Un héroe que regresa para salvar vidas

Después de estar libre de Covid-19, Ramiro Ramírez, doctor de profesión, retoma su trabajo para ayudar a los pacientes; es de los pocos pacientes que ha donado plasma

A sus 41 años el doctor Ramiro Ramírez González, médico de profesión, libró la batalla contra el COVID en dos frentes, el primero atendiendo a pacientes en el hospi­tal del ISSET de Jalpa de Méndez y en el hospital Juan Graham, siendo eventualmente contagiado con el virus que combatía, iniciando una segunda batalla contra la muerte de la que salió victorioso y ha regre­sado a la batalla para ayudar a otros a vencer esta terrible enfermedad.

Tras librar la batalla contra el COVID, Ramiro Ramírez no sólo regresó a trabajar a los hospitales para seguir atendiendo pacientes con COVID, sino que donó su plas­ma para que los anticuerpos en ella, ayudaran a otros a superar la enfermedad.

 

—¿Cómo se contagió, cómo se dio cuenta que usted era portador de COVID-19?

Yo estuve en Jalpa de Méndez tra­bajando una semana en la unidad médica del ISSET, pero también soy médico del Juan Graham, fran­camente no sé dónde me contagié, es muy difícil saberlo.

Yo tomaba las precauciones pertinentes en cuanto al lavado de manos, la aplicación de gel, el uso de guantes, cubrebocas, careta, cambios de ropa constante tanto al entrar como al salir de la unidad médica y al momento de llegar a mi casa, me quitaba la ropa en la puerta de mi casa, en la entrada por lo que realmente decir dónde me contagie realmente no lo sé.

 

—¿Cuándo empezó a presentar los síntomas?

Yo empecé a presentar los sínto­mas cerca del 20 y 21 de abril, la fiebre fue el principal síntoma, una fiebre que no bajaba de 38°, a pesar de tomar analgésicos entre otros antipiréticos como Paracetamol y Naproxeno, la fiebre no cedía y a partir del día siguiente empecé con dolor de cabeza y la fiebre que con­tinuó y el malestar general el dolor de cuerpo parecido a cuando te da dengue, un debilitamiento, un malestar general, el dolor de cabe­za que me duró prácticamente dos semanas.

A mí me hicieron la prueba por parte del ISSET, luego me llamaron a la carpa que está en Méndez y ahí me hicieron la prueba de control, que luego de 19 días salió negativa.

 

—¿Cuándo se reintegró a las labores médicas en los hospi­tales en los que trabaja?

Yo regresé entre el 15 y 16 de mayo, nos tocó la semana más crítica en la que se registró el mayor número de contagios, el mayor número de defunciones por COVID, fue una semana muy intensa, de hecho en esta semana fue que yo hice la do­nación de plasma, fui al Juan Graham con la intención de ayudar a los compañeros, para apoyar a los pacientes que esta­ban en el hospital.

Al sanar, de inmediato fue a donar plasma para que se utilizará en otros contagiados por Covid-19.

 

—¿Cómo le hizo para sobre­llevar todo esto aislado de su familia y sus amigos?

Un sábado por la noche me empecé a sentir mal, yo duer­mo con mi esposa y con mis hijos en la misma habitación, mis hijos son pequeños, al día siguiente decidí aislarme total­mente, me quedé en un cuarto y mis niños y mi esposa se pasaron al otro cuarto separándonos a par­tir de ahí por 20 días.

 

—¿Qué es lo más difícil que se pue­de experimentar del COVID-19?

Lo más difícil es precisamente es el aislamiento de tus seres queridos, los momentos más difíciles que se pueden experimentar creo que es esta tapa de aislamiento, estar encerrado en un cuarto sin poder abrazar y tocar a tus hijos, con mi esposa de alguna manera si tenía contacto, porque ella me pasaba la comida, el agua, estaba pendien­te de mí. Mi hijo más pequeño, en alguna ocasión se metió intempes­tivamente al cuarto para intentar verme, es una sensación de terror la que viví en ese momento, por­que te invade la preocupación de que no se vaya a contagiar.

 

—¿Cómo festejó cuando superó la enfermedad y tocó la campana de la vida?

Afortunadamente yo no estuve internado en un hospital gracias a que los síntomas que yo tenía eran leves, por lo que estuve práctica­mente los 21 días aislado en casa, pero finalmente la manera de fes­tejar fue grandiosa, el sólo hecho de poder abrazar a mi esposa y a mis hijos, poder estar juntos.