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Un domingo especial

Cuando Dios creó a la mujer y al hombre, lo hizo del barro de la tierra y luego sopló en sus narices el alien­to de vida (Gén 2,7), eso somos noso­tros, un poco de barro alentado por el Espíritu de Dios, científicos de ba­rro, políticos de barro, profesionistas de barro, mandatarios y potentados, obreros, mujeres y hombres de barro, muy frágiles, quebradizos, vulnera­bles.

Solo el Espíritu de Dios nos con­vierte en seres vivientes y las zonas donde el Espíritu no es acogido, que­dan muertas.

Este domingo se celebra la so­lemnidad de Pentecostés, Dios sigue cumpliendo su promesa de darnos el Espíritu Santo para que este mundo tenga vida en abundancia.

Pentecostés es cumplimiento y a la vez promesa de la unidad tan an­siada de toda la humanidad, en este día estamos llamados a unirnos to­dos haciendo a un lado nuestras dife­rencias sociales, religiosas, morales, políticas porque únicamente en la unidad del Espíritu de Dios es posi­ble conquistar la victoria contra este enemigo común que es la pandemia para tener una vida más digna.

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