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Paramédicos atendiendo al menor herido.

Centro

Un disparo por nada

La víctima andaba merodeando en un fraccionamiento de la colonia Estanzuelas. El proyectil entró y salió por un costado de su cuerpo.

Por el fraccionamiento mal iluminado de Casas Geo van a dar las cuatro de la mañana y ni siquiera los perros se escuchan ladrar.

Solo algunas sombras merodean debajo de algún edificio o hasta el fondo de la unidad habitacional. Pero no hacen ruido, se mueven con sigilo entre los coches asegurados con bastón.

Una de esas almas solitarias que vagan por esas calles es Juan Manuel. El valor que le da andar de madrugada no se corresponde con su cara de adolescente.

El muchacho mide apenas un metro con cincuenta centímetros, su complexión es delgada, su cabello es negro y su piel.

No vive en el fraccionamiento de la colonia Estanzuela, tampoco tiene familiares en alguna de las casa. Ni siquiera cuenta con amigos o conocidos por este rumbo. Su rumbo son las Gaviotas. Su presencia es un misterio que sólo él conoce.

SE DETIENE EN UNA PALAPA

A las cuatro de la madrugada con cinco minutos, el C-4 de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana recibe una llamada anónima reportando una persona herida.

Los oficlales de las unidades 71717 y 71761 escuchan el reporte en sus radios y acuden a ver lo que sucede. A doscientos metros de la entrada al fraccionamiento Casas Geo ven a una sombra sentada debajo de una palapa.

Cuando se acercan se dan cuenta que se trata de un chamaco sin camisa y con un orificio debajo de una de sus costillas. El rictus de dolor lo dice todo en la cara del muchacho.

Como puede responde las preguntas de los agentes de seguridad, antes de ser trasladado por una ambulancia 255 de la base naranja al hospital Rovirosa.

UNA HERIDA EN UN COSTADO

De acuerdo a la versión de Juan Manuel, la madrugada del martes 18 de mayo andaba deambulando por la colonia Estanzuelas.

Al cruzar una calle notó que del otro sentido había un grupo de individuos que estaban afuera de un auto estacionado.

Sin voltear a verlos apuró el paso y fue cuando escuchó un tronido ensordecedor que rompió el silencio de la madrugada y el sueño de algunos canes que empezaron a ladrar.

Él por puro instinto empezó a correr a pesar de que sentía un punzón hirviente debajo de una de sus costillas.

Apenas se detuvo debajo de una palapa, enfrente de una casa, sus piernas empezaron a temblarle. Fue cuando se tocó debajo de la costilla y vio su mano ensangrentada. ¡Estaba herido por nada! Pidió a Diosito que lo ayudara. No tardaron en llegar dos patrullas y una ambulancia.

FÉLIX NOLASCO
GRUPO CANTÓN

 

 

tabascohoy.com

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