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Trascendencia del triunfo de Petro

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  • AVANCE SUBCONTINENTAL ● DERECHAS AL ACECHO ● EBRARD, PRECAMPAÑA ABIERTA

La victoria de Gustavo Petro en segunda vuelta en Colombia significa el más fuerte golpe electoral hasta ahora dado a la feroz corriente ultraderechista (sanguinaria, criminal) acaudillada por el expresidente Álvaro Uribe, bajo manejo cómplice de intereses de Estados Unidos, y, a la vez, representa una añadidura histórica a la corriente progresista latinoamericana que va ganando posiciones.

Así como en México la izquierda electoral pudo llegar a Palacio Nacional bajo la necesaria proclama de “por el bien de todos, primero los pobres”, en Colombia el economista Petro planteó atender “a los nadies y las nadies”, en una apuesta por la justicia social que alarmó a las élites colombianas que desde ayer mismo comenzaron a condicionar al inminente gobierno y a desarrollar las teorías del caos y la ingobernabilidad que en otras naciones han ido desplegando las fuerzas desplazadas.

Triunfadora por 50.5 por ciento de los votos, contra un 47.3 de Rodolfo Hernández, la extraña hechura con la que, sumado en segunda vuelta el uribismo, se quiso frenar a Petro, la izquierda llega por primera vez al poder federal en Colombia, en un escenario reñido (no con la holgura electoral de AMLO, por ejemplo), frente a una derecha que no pudo presentar ni programa ni liderazgo atractivos (un tanto al estilo de lo que pasa en México con los partidos antiobradoristas rumbo a 2024) pero, y hay que tener cuidado con ello, en un contexto peligroso, suscitado por la narcopolítica, el paramilitarismo y la mano estadunidense largamente metida en ese país.

De primera lectura es de celebrarse la continuidad de una ola progresista (con sus diferen tes matices y circunstancias) que ha ido ganando elecciones en América Latina: Luis Arce, en Bolivia (a pesar del golpe dado a Evo Morales); Xiomara Castro, en Honduras; Pedro Castillo (tambaleante), en Perú; Alberto Fernández, en Argentina (la persistencia del kirchnerismo);  y Gabriel Boric, en Chile (juventud y lucha social callejera).

Mención aparte merecen los tres gobiernos vetados en la reciente Cumbre de las Américas: Cuba y Venezuela, largamente boicoteados por Estados Unidos, y Nicaragua, donde hubo “elecciones” para que continúe en el poder Daniel Ortega. Y, en el futuro inmediato, la probabilidad de un nuevo mandato para Luis Inacio, Lula, da Silva en Brasil.

La profundidad de los cambios posibles desde el arribo electoral al poder es un tema de análisis necesario y de confirmación en los hechos. Gana Petro en Colombia, en una espiral subcontinental de lo que genéricamente puede llamarse izquierda, pero las ataduras del propio sistema en todos esos países, a cuyas reglas debe sujetarse la opción que desplaza a las antes hegemónicas, conllevan un lastre que puede desgastar a lo alternativo y ser aprovechado por las derechas acechantes mediante entrampamientos judiciales, campañas mediáticas, conjuras empresariales, desestabilización económica y política, agudización de la insatisfacción social y ayudas extranjeras, además de los propios errores, contradicciones y desviaciones de esos gobiernos de izquierda.

Para México, y específicamente para el presidente Andrés Manuel López Obrador, son buenas noticias el triunfo de Petro, las altas probabilidades de Lula y el resto de los países con administraciones cargadas al progresismo. El triunfo del tabasqueño, en 2018, en un contexto latinoamericano menos propicio, es un referente del proceso de cambio que se está viviendo. Y la postura asumida recientemente en cuanto a la Cumbre de las Américas ha aumentado su influencia en estos procesos. Desde luego, a toda acción corresponde una reacción, mayor o menor, proporcional o desproporcionada. Ya se irá viendo./

Y, mientras el canciller Ebrard se declara “corcholata reconocida” en #Guadalajara, arropado por el gordillismo, presenta a Malú Micher como coordinadora nacional y Santiago Nieto asoma como parte del equipo, ¡hasta mañana!

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